Ignacio Sierra: “La moda es una poderosísima herramienta para comunicarse con el mundo”

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Viaje a la introspección con el Director General Corporativo del Grupo Cortefiel

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Llegó disculpándose, vestido con una americana de tejido tweed con una camisa en color azul pastel. Educación, saber estar… se nota que ser director general corporativo de una empresa como el Grupo Cortefiel encaja con su fachada. Pero indagando en su interior y en su pasado también se entienden muchas cosas; y es que detrás de una fuerte personalidad, se esconde la pasión del aprendizaje. Él mismo recitó que “la elegancia renuncia a la estética exterior y se centra en la interior”.

 

La  palabra <aprendizaje> fue el término que mayor presencia ha tenido en todas las respuestas de Ignacio. Así es él, un autodidacta nato, aunque ha abandonado la creación de sus propias novelas en su adolescencia para escribir ensayos sobre la dirección de empresas en un momento de plenitud profesional, a pesar de no haber alcanzado la sabiduría que espera, tal como cuenta.

 

En particular, empezó hablándome de su pasión por las alcachofas, su verdura preferida, pues qué mejor lugar para degustarlas que en el Imperio de las Alcachofas de Madrid, en Pimiento Verde. Pero no pudo resistirse a asegurar, con dosis de simpatía, que “las mejores alcachofas son las de un primo de Bilbao”.

 

Es interesante conocer qué ha podido estudiar la persona que actualmente respira la atmósfera textil desde las entrañas de uno de los conglomerados de moda más importantes de España, después de Inditex y Mango.

 

¿Qué estudiaste?- le pregunté. “Fue un pacto que hice con mi padre; estudié derecho pues él era un gran médico y juntos elegimos esta carrera, a pesar de que yo quería ser escritor”.

 

Para el director general corporativo del Grupo Cortefiel, a pesar de que suene tan frío este cargo que ostenta con mucho placer y entrega, hay un componente indispensable en su efusión por la escritura y probablemente para el resto de sus decisiones vitales: “necesito de mi punto de sabiduría para escribir”. Ante esto, entre alcachofas y vasos de sidra, me fue imposible no preguntarle qué es para él la sabiduría. “Ser capaces de conocer algo honestamente para transmitir una idea,  una vivencia con la suficiente calidad que estas se merecen”.

 

En su adolescencia Ignacio se evadía. Desde luego que coincidimos en que el dolor ayuda a crear: “el espíritu en situaciones de angustia genera esa capacidad de generar un relato en el que uno se plasma en diversos personajes”.

 

Gato, gatísimo, por parte de su madre, en algún momento de la entrevista aseguró, sin venir muy a cuento, que “hay personas que combinan colores y otras palabras”. Fue sorprendente la afirmación de esta frase cuando se trabaja en una empresa de moda, teniendo en cuenta que uno ha deseado dedicarse a la literatura.

 

¿Y tú, Nacho, qué combinas? Estuvo dubitativo un rato, hasta que afirmó: “yo combino ideas”. Es evidente que dio por sentado que las ideas se verbalizan en palabras, por lo que la segunda opción me habría sido válida. Aunque es probable que esto último lo quisiera relativizar. Ignacio, o Nacho para los amigos, tiene una maravillosa capacidad de relativizar absolutamente todo  y a quedarse con la parte positiva, bondadosa y bella de las personas.

 

¿Relativismo o subjetivismo, en qué difieren? Fue una de las cuestiones metafísicas, nada esperadas, que surgieron a mitad de la cena. Todo empezó partiendo de una definición personalizada sobre la moda. Últimamente me es imposible no preguntar qué es la moda, pues me encuentro con tantísimas definiciones –desde paupérrimas ilustraciones verbales hasta las más surrealistas que uno se puede imaginar-. “Es una poderosísima herramienta –la moda- del ser humano para comunicarse con el mundo, que requiere de algún tipo de esfuerzo. Siempre esfuerzo. El lujo sin esfuerzo no sería lujo”.

 

Iba para escritor. Ignacio siente una especial simpatía y curiosidad hacia su personalidad y trabajo. ¿Un escritor frustrado?-le cuestioné con cierta dosis de maldad inocente. “Para nada”- afirmó rotundo y con mucha seguridad, a pesar de que lamentaba no poder sacar tiempo para leer como lo hacía antes.

 

De nuevo esa pasión oculta volvió a salir. ¿Un libro? – ¿Difícil de contestar, eh?-  “Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza. Recuerdo una tarde en las oficinas de Mapfre –cuenta- con una compañera mía. Por casualidad estaba ahí este libro. Yo ya lo había leído… pero decidí leerlo en voz alta. Y sin darnos cuenta lo habíamos acabado. No podíamos dejar de reír” me contaba, mientras me revelaba que el humor, para él, es fundamental en la lectura. ¿Dónde está la clave de un libro para que consiga el suficiente éxito consiguiendo que Ignacio lo relea? “Que me haga feliz”. Ya… probablemente más de uno me daría esa respuesta. Le pedí más, no me era suficiente: “Sentir ansiedad para pasar a la página siguiente”-completó su percepción acerca de cuáles son los factores subjetivos que determinan cuándo un libro merece la pena ser leído.

 

Lo de pasar de una página a otra me hizo reflexionar sobre el tiempo. Con lo cual, obtuve una nueva pesquisa de Ignacio. Este directivo de empresa de moda, a pesar de no parar apenas para descansar, vive en el ‘ahora’: “he aprendido a vivir en el presente”. ¿Y la nostalgia? “Un día de lluvia, con un café escuchando a Bach…”, y con una librería llena de libros al más puro estilo británico, uno de sus sueños, añado, transcribiendo con exactitud sus palabras.

 

Y, retomando la moda, no pude obviar preguntarle sobre el “macho ibérico” que no abandona el traje azul marino y el negro, ni tan siquiera para las bodas. “En la sobriedad existe elegancia”, afirmó. Después, pasó a hablarme de los maravillosos años 80 en la vestimenta masculina en España; un estilo que, según Ignacio, no ha se deteriorado en absoluto. “Hay moda y elegancia en España”. No sé si son guiños al hombre Pedro del Hierro.

 

Bueno, ¿existe ese hombre, a pesar de que ahora esté en manos de una mujer como Carmen March?- pregunta retórica. Pero yo respondo: sí. Afortunadamente sí. Es interesante ver cómo un hombre capta la femineidad de la mujer en tanto que una mujer comprende la virilidad de un caballero.

 

“Paradójicamente, la sobriedad forma parte de la estética de la simbología de la expresión ortodoxa del protestantismo. Mientras que en el catolicismo abunda el bermellón, los dorados, azules, entre otras tonalidades”, seguía contando Ignacio sobre la estética.

 

Los valores que más aprecia es la bondad. Una idea, un valor abstracto que puede ser  logrado a través de la enseñanza en conjunción con la conciencia –ahí le salió la venta platónica- o puede ser genéticamente heredada o hallada misteriosamente, según los ideales en los que cree el directivo. Todo esto lo dice a pesar de que considera que el hombre es un lobo para el hombre; algo que no tiene porqué quitarle sentido a lo anterior, sino más bien rematarlo.

 

Ignacio considera que todo lo bueno y bondadoso se puede alcanzar: “La elegancia se educa”. Pero, ¿no es, acaso la elegancia, querido invitado, algo que forma parte de la genética de aquella persona que nace con ese “buen gusto”?-indagué. “Por supuesto que hay gente que nace con un porte, pero insisto en que la elegancia se puede aprender”-atestiguó con  más firmeza que antes. Y prosiguió hablándome de algunos animales que presentan una elegancia innata. Creo que no le dejaba hablar en demasía, y me precipitaba a enumerarle animales: “la pantera, el tigre, el gato”- le decía; “el caballo”-Ignacio añadía; “el pavo real”-afirmé. Me supo aquello a una especie de duelo de ‘cuánto más puedo dar’ –supongo que son cosas de la juventud y la impaciencia de ésta-.

 

En ese punto, con el pavo real, la conversación paró. Reflexionó unos pocos segundos y con cierta osadía me aseguró que este tipo de ave era llamativo pero no elegante. Intenté convencerle, pero fue algo inútil; es impensable no ver elegancia en un pavo real cuando abre sus alas mostrando sus plumas. ¡Cuánta femineidad!

 

Esta conversación, por cierto, me recordó a los dos escaparates que guarda, en lo más profundo de su memoria, de su trabajo y de su alma, Enrique Loewe de la que fue su empresa familiar. Uno de aquellos emblemáticos escaparates representaba a las panteras y otro a los pavos reales. Ambos reflejaban, cada uno a su manera, la femineidad de la mujer, su sensualidad y su fortaleza.

 

Y fue ahí cuando abrimos el cajón de la indefinición y el absurdo. “Bueno, es que la presencia de la elegancia en los objetos, los animales o las personas es algo totalmente subjetivo”-le afirmé jactándome. “No. Subjetivo no. Relativo”-me corrigió. ¡Cuánta razón tuvo Ignacio! Y ágilmente le pregunté en qué difería un término de otro, como más arriba transcribía. Con esa improvisación que antes mencionaba habló de que la subjetividad estaba en el sujeto en tanto que el relativismo era la comparación, la relación –y valga la redundancia- entre un objeto y otro. Minutos después me confesó que nunca se lo había planteado, pero admito que germinó adecuadamente su explicación personal ante mi duda.

 

La enseñanza es, y quizá peco de atrevida, un apartado de su vida que valora mucho. “En Mapfre me formaron. Supongo que me contrataron porque hablaba varios idiomas. No me pagaban mucho, pero merecía la pena todo lo que hacía”, contaba con orgullo.

 

Antes de embarcarse a la aventura del textil y la producción acelerada de la moda, trabajó varios años en la empresa española de seguros. “Probablemente era la empresa más americana, aun siendo profundamente española”, afirmó al plantear el sistema y la estructura de la empresa. Detectan una joven promesa y le fichan para enseñarle. La meritocracia parece ser que se valora, si damos por verídicas las vivencias de nuestro invitado, a la hora de emplear a personas. Para Ignacio Mapfre fue como su familia; la empresa le arropaba. Y desde luego que no me cabe la menor duda de que en el Grupo Cortefiel se sigue la misma filosofía; y si no se seguía antes, habrá debido de ser iniciada por Ignacio Sierra.

 

Pasar de una empresa de seguros como Mapfre a una de moda se define para mi  entrevistado en una  palabra: “alucinante”. ¿Cuál fue el mayor reto que afrontaste en el Grupo Cortefiel? “Adaptarme a un modelo organizacional radicalmente diferente al que había conocido en Mapfre. Venía de una organización muy estructurada donde las decisiones eran colegiadas para todo y las individualidades éramos excepciones a la norma. En Grupo Cortefiel la venta del día en las cadenas manda y hay genios y artistas en cada esquina”

 

Ignacio apenas sabía sobre moda pero el nuevo sector en el que se empezaba a sumergir le parecía “divertido y motivador” para aprender. “Llegué a Cortefiel de una compañía con espíritu local pero con una magnífica realidad multinacional. Al Grupo Cortefiel le pasa todo lo contrario: poseía espíritu, pasado y vocación internacional, pero una realidad empresarial pegada al ámbito local”, cuenta. Apareció en el momento apropiado de la empresa cuando el grupo textil empezaba a despegar. Ahora es todo un paradigma empresarial, cuyo enfoque global es ya una realidad si lo medimos cuantitativamente en cuanto a la red de tiendas y presencia internacional, pues están presentes en 74 países de todo el mundo.

 

Ocho años en Mapfre y cerca de quince en el Grupo Cortefiel. Nuestro invitado encontraba interesantes paralelismos, en cuanto a filosofía, entre una empresa y otra: tienen cultura propia, fuerte y poseen orgullo nacional que, según el madrileño, son los valores que siempre han favorecido a las grandes empresas españolas que han obtenido éxito en su expansión geográfica y perdurabilidad durante décadas, por no decir siglos.

 

También es co-fundador, representante y portavoz de la ‘European Branded Clothing Alliance’ ante la Comisión y el Parlamento. “Es mucho trabajo no remunerado que, sin embargo, beneficia la mejora del sector en el que opera mi empresa”, cuenta. A través de esta plataforma, Ignacio Sierra tiene la opción de conocer a representantes de las firmas de moda más posicionadas en el todo el mundo como H&M, Nike, Inditex, Ralph Lauren, entre otras tantas.

 

¿La esencia del grupo? “Nuestra gente, nuestro espíritu pionero y nuestro afán de innovación nos diferencia”. ¿En qué momento de tu vida te hallas –momento ‘marca personal’-? “En un empeño permanente de intentar concluir que la bondad, la empatía  y el fair-play –juego limpio, en inglés- son rentables para la gente y las organizaciones”.

ALMUERZO EN PIMIENTO VERDE de Calle Conde de Miranda, 4.

1 Botella de Sidra

Almejas con alcachofas en salsa verde (plato nuevo)

1 ración de rosas de alcachofas

1 ensalada templada con gulas y gambas

Rape con patatas

1 tarta de queso

1 cuajada

CAM01180

Puedes visitar cualquier Pimiento Verde en…

c/Quintana 1 (esquina con Calle Princesa) Metro Argüelles

c/Lasgasta 46 (esquina con Goya) Metro Serrano

c/Príncipe de Vergara 60 (esquina Calle Juan Bravo) Metro Núñez de Balbo

c/Conde de Miranda 4 (detrás del Mercado de San Miguel) Metro Sol

 

 

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