Ramón Pernas: “El deporte es una trampa del Capitalismo”

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Ramón Pernas y Brand of the Art viajan de lo literario a lo metafísico

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Llegó antes de tiempo a la comida. Saludó y pidió una copa de vino blanco, un Duero Verdejo. Ramón Pernas es actualmente el Presidente del Ámbito Cultural de El Corte Inglés, pero lo que nadie se imaginaría es que estudiara, además de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, sociología. “Nunca he dejado de estudiar. En el momento en que lo haga, moriré”, aseguró mientras comenzamos a degustar las exclusivas alcachofas de Pimiento Verde.

 

Ramón, en su primer trabajo, ya entró por la puerta grande; fue subdirector de una agencia demoscópica que fundó con un socio cuyo fin era  realizar encuestas sociológicas aun cuando estas estaba muy atrasadas en España. Sin duda alguna fue una manera de confirmar esa seguridad que se apreciaba en Ramón. De la sociología pasó al periodismo, también desde lo más alto pues, en los 80, fue director y guionista del famoso programa de TVE Si yo fuera presidente que se emitía en la televisión pública. Paralelamente, mientras colaboraba en diversos medios de comunicación, dirigió la editorial Espasa durante 12 años hasta que Grupo Planeta la comprara. “Me gusta el periodismo místico; revitalizarlo, modernizarlo”, asegura el lucense afincado en Madrid desde hace ya muchas décadas.

 

Tras su experiencia en el mundo de los libros, por supuesto que combinada con su labor de escritor –ya que no podría ser menos-, fundó una consultoría de comunicación enfocada a la investigación de la elaboración de esquemas de comunicación llamada Constructores de Cultura: “Para nosotros, el puesto que ocupa la publicidad, la está empezando a ocupar la cultura”, aseguró Ramón.

 

Para este empresario, periodista, sociólogo, creativo y literato su gran pasión es el circo: “es mi recreo, me permite seguir siendo niño”, contaba. Pero, ¿no crees que la vida es un circo?-Le pregunté. “El circo, aunque no lo creas, es el orden; mientras que la vida es un pequeño desastre cotidiano que todos evitamos”-decía Ramón.  Sin embargo, el deporte es algo que rechaza: “el deporte mata. Es una trampa del Capitalismo. El fútbol es puro espectáculo”. Aunque, como ciudadano contemporáneo con sangre gallega, me confesó que es del Depor.

 

Un gran apasionado del mar, del aire de Galicia, no puede no viajar al menos una vez al año a París. ¿Qué tiene esta ciudad que tanto necesitas visitarla? “París es una sinfonía, tiene ritmo vital. París es luz y sonido”. Otra de sus facetas ocultas es la de reivindicar la belleza, pues, en palabras del que presidente actualmente la cultura en la empresa de Isidoro Álvarez, todo lo bello libera, hace felices a las personas, pudiendo llegar a ser la belleza un triunfo político a largo plazo. ¡Salió, al fin, el tema metafísico en la comida por primera vez! Ya íbamos por las chistorras a la sidra… Le comenté que tenía un gran dilema con Enrique Loewe acerca de si la belleza está en el objeto o en el sujeto. Sin dudar ni un segundo, afirmó: “en ambas”. Era la primera vez que escuchaba una contestación como tal, ya que, la gran mayoría tiende a decir que está en el sujeto. Después pasamos al arte. Para Ramón Pernas “el arte es una actividad colectiva”. No concibe disfrutar el arte en soledad y considera que arte es arte en el momento en el que se concibe. Cada año viaja con su familia para conocer diferentes museos, con el fin de que sus hijos alcancen todos los movimientos artísticos. Ramón afirmó que estaba “en busca de la luz ubicada en el arte”. Él fue pintor y también su padre. Paralelamente a la pintura, Ramón lo intentó con el piano, pero su autocrítica y la exigencia extremada que tenía consigo mismo le hizo darse cuenta de que la música no era lo suyo, a pesar de que es un gran entendido de esta.

 

Prokofiev, Mozart, Bach… ¿No me nombras a Sarasate como buen español que eres? “Sarasate es folclore español”. ¿Y su Zapateado? “Es una paella” ¿y la Jota Aragonesa? “Las chistorras que nos hemos comido”-me contestó riendo. No encontramos entendimiento respecto a Joaquín Rodrigo. No había forma. Y eso que Ramón Pernas le llegó a conocer. ¡Qué suerte! “Joaquín era un compositor que estuvo desencantado por no haber podido crear una obra más completa. En realidad, Joaquín Rodrigo es un compositor de una sola obra”-contaba. Sin embargo, yo pensaba en La Sonata Pimpante para violín y piano o en El Concierto de Estío para violín y orquesta sinfónica. Evidentemente Ramón rescataba, al menos, El Concierto de Aranjuez. Hablamos acerca de su sordera, que es lo que le propiciaba esa distorsión del sonido; de ahí la agresividad de ciertos sonidos, pues sería la forma en la que el compositor, que nos dejó en 1999, percibía la música, la vida, la realidad externa. De hecho, hay un fragmento de La Sonata Pimpante que me recuerda al sonido de una ambulancia. Para Ramón, si ya nos ponemos a elegir compositores españoles, prefiere a Falla y Turina.

 

Autor de Si tú me dices ven en 1996 y de El Pabellón Azul en 1998, no es hasta un año después que recibe el Premio Ateneo de Sevilla. Después publicó en 2000 Brumario, en 2003 Libro de Actas y en 2006 Del viento y la memoria. “Cuando murió Dios, el hombre quedó huérfano”, contestó Ramón a mi pregunta habitual sobre su espiritualidad. “Todo es Dios: sol es Dios, amor juvenil es Dios aunque haya de por medio endorfinas y hormonas…”, explicaba ya durante el segundo plato que consistía en la ensalada caliente con gambas y gulas. ¿Sobre la lectura? “Termino volviendo a los libros que leí en su día cuando estoy melancólico. Pero a veces me decepciono”, cuenta.

 

Ramón Pernas, gran amante de la moda y muy buen entendido, amigo de Giorgio Armani y de otros tantos, se encuentra en un momento que define como “obsesivamente optimista”, a pesar de que la crisis de valores se debe a la avaricia, la codicia y la envidia, y que, según el escritor, no hay solución. ¿No sería ser, entonces, algo pesimista?– le pregunté. “La solución sería temer a los dioses. La enfermedad, las epidemias, los ataques terroristas… son cosas que nadie puede evitar”. Pero es optimista porque siempre le pone un grado más a las cosas. “Si estoy mal, aseguro que estoy bien; si me encuentro bien, digo que estoy muy bien; si es muy bien, es genial; si es genial, es fantásticamente bien, y así sucesivamente”. ¿Y cuándo llega el pesimismo, entonces? “La única queja es hacia mi país, España; mi comunidad, Europa. La falta de trabajo es la única razón de ser para mi pesimismo”. Según Ramón, “con miles de optimistas como yo cambiaríamos el país”. Con tanto optimismo contagioso, su marca personal, su identidad, la definiría como “contradicción”. Sin duda alguna, Ramón Pernas es un hombre de sorpresas que, a juzgar por la imagen que transmite en su trabajo, más de uno se sorprende al descubrirlas.

 

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-2 copas de VERDEJO

-1 copa de RIOJA

-2 Fanta de Naranja

-Rosas de Alcachofa

-Chistorras a la Sidra

-2 ensaladas calientes de gulas y gambas

-1 café cortado

-1 cuajada

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Katy, con K: la comida fue (ha sido) un calderón en la sinfonía de la vida. Te agradezco vivamente el haberte encontrado en el concierto vital y en la sinfonía del periodismo  xxx

Con un beso,

Ramón Pernas

 

 

 

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