Carlos Cuesta: “Yo nunca defendí al PP, yo critiqué a Zapatero”

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Carlos Cuesta y Brand of the Art analizan los desastres de ‘Papá Estado’ y del mal periodismo

 

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Hacer zapping en la televisión una noche y pararse en 13TV a ver una tertulia se debe a ese desparpajo, soltura e imparcialidad –que él mismo defiende- del periodista Carlos Cuesta. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra, aunque asegura que la carrera fue inc0mpleta. Razón de más por la que decidió ampliar sus estudios con Derecho a través de la UNED y completándolo con un posgrado en el IESE en Economía.

Con solo 23 años, tras su paso por ‘Expansión’ pasa a ‘El Mund0’en donde, desde 2009, es redactor jefe, siendo en 2012, además, uno de los rostros más conocidos de 13TV.

La llegada de Antonio Jiménez cómo fue, muchos se podrán preguntar. Carlos se lo toma con normalidad y lo afronta como un nuevo reto, pues ‘La Marimorena’ está siendo todo un éxito.

La soltura, el humor son algunas de las características que se pueden apreciar en este periodista que, en su adolescencia, su máxima pasión fue el tenis. De hecho, si optó por el Periodismo fue porque era la carrera que más tiempo le dejaba para entrenar. Pero su destino no fue el mismo que el de Nadal, y va por la línea de Pedro J., quizá, o eso intuyo.

Los complejos son de esas cosas que parecen inexistentes, y su moto es una metáfora real de que la velocidad y el riesgo, probablemente, sean dos puntos claves en la vida de Carlos Cuesta quien asegura que “España necesita un cambio brutal”.

Hablemos de gatos, su tertulia, antes de que naciera El Cascabel al Gato, ud. se ‘mojaba’ más. Mientras que Antonio siempre se había mantenido imparcial, en la medida de lo que cabe, en El Gato al Agua –y ahora lo sigue haciendo en 13TV-.

Lo mío no es la imparcialidad. (Ríe). Una cosa es la independencia y otra muy distinta la imparcialidad. Independiente en el periodismo uno debe ser 100%, imparcial a mí es que no me cabe en la cabeza que, profundizando en ciertos temas, no se tenga una opinión de estos. Lo que pide mucha gente es “una vez que te has metido y tienes tu opinión, cállatela”.  A mí no me parece muy sincero.

 

Incluso las famosas ‘cinco W’ –What, Who, Where, When y How- no son neutrales, dado que la última, el ‘cómo’ ya es interpretación y esta nunca es imparcial. Incluso el ‘qué’, que es la noticia, puede variar según el enfoque: si es para un medio de corazón o uno de información.

Pensar que la interpretación que tú sacas de algo es objetiva partiendo de que todos obviamente somos sujetos, y, por tanto es objetivo, es imposible. La visión que tienes de las cosas, es la que tienes; entiendo que a partir de ahí hay dos maneras de presentarlo a la gente: o con sinceridad porque es la forma en la que piensas –si a partir de entonces quieren cambiar el canal… (ríe Carlos)– o adaptándote a la del colectivo o grupo editorial.

 

La manera en la que ‘se pisan’ los tertulianos es bastante desagradable, no solo en sus programas…

Era un problema de que teníamos demasiados en la mesa. Era una mesa muy grande.

 

Periodismo, según ud., es imparcial, derecho quizá algo más objetivo. ¿Qué le conduce a estudiar derecho, que fue su segunda fase tras el periodismo?

Yo dudaba entre económicas y arquitectura. Derecho entonces ni existía, y periodismo tampoco. Pero terminé metiéndome en periodismo, aunque nunca lo tuve antes en mente, porque era la carrera que más me permitía seguir entrenando tenis.

 

Optó por el tenis porque, ¿a sus padres les atrajo la idea o fue una elección personal?
Ellos jugaban, y yo montaba a caballo en aquella época. Y, luego, de caballo me pasé al tenis. Con 7 u 8 años empecé a jugar al tenis. Pero cuando acabé periodismo me di cuenta de que lo que necesitaba era otra formación. Al acabar periodismo llego a Expansión y mi sensación fue “¡qué hago yo hablando de todo esto que no me entero de nada!”.

 

Probablemente ese pensamiento lo deben de tener un importante porcentaje de estudiantes de periodismo, porque ya sabe, en esta carrera se aprende un poco de todo y mucho de nada.

(Ríe). La política me gustaba y los temas económicos también. Por lo que decidí optar por alguna formación que me permitiera saber de ambas materias. Como me ofrecieron hacer el posgrado en Economía en el IESE con Expansión -a través de las prácticas acordadas entre la Universidad de Navarra con el diario de economía de Unidad Editorial- acepté. Y, además, complementé la formación matriculándome en Derecho en la UNED.

 

¿Cree que podría haberse ido degradando la carrera del periodismo, más cuando se ha vivido desde la Universidad de Navarra –de la cual han salido grandes profesionales como Luis Herrero o Antonio Herrero- y se compara con la UCM?

A mí no me parece que la carrera de Periodismo esté adaptada a la profesión, porque yo lo analizo ahora y cuando uno va a escribir en un periódico, va a escribir de los temas actuales: problemas soberanistas de España, temas que no se van a entender sin una base histórica de conocimientos potentes y una base jurídica de conocimientos potentes, y lo mismo con la base económica. El tema de la crisis es una cuestión económica; el tema del estado del bienestar, el tema de la estructura territorial española, más de lo mismo. Ninguno de los temas que se van a tratar en el periodismo se pueden entender sin las materias antes citadas.

 

El problema catalán, por ejemplo, ¿cómo justificaría a un estudiante de Periodismo las 3 áreas mencionadas?

Para entenderlo como periodista e informar correctamente hay que partir de las ideas de que, primero no se puede creer todo lo que dicen ellos, los periodistas. Es falso, primero, que ellos estén aportando más de lo que a ellos les corresponde: es más, están aportando menos, dado que sus rentas son más altas que de la  media española. Es falso que su historia sea similar, por ejemplo, a la de Escocia; radicalmente falso. Y, desde un punto de vista jurídico, lo que están pidiendo es una barbaridad desde el punto de vista de la igualdad de los ciudadanos.

 

Muchos periódicos lo analizan desde un punto de vista de negociar con Cataluña…

Y si se negocia con los catalanes, ¿dónde está la igualdad con los demás ciudadanos?, ¿vamos a negociar la violación de la igualdad? Lo siguiente qué va a ser, ¿un linchamiento a los judíos? Hay un tipo de periodismo que no se ‘moja’ y que no tiene formación, y que plantea la negociación, pero que, si los demás periodistas planteamos el tema desde los 3 enfoques citados ya son radicales. Yo no tengo por qué aceptar negociar con una persona que quiere quitar lo que no le corresponde. Los hechos no son relativos; si todos los ciudadanos tienen los mismos servicios, no se pueden primar los servicios de Cataluña. Esto no es cuestión discutible; es una cuestión de que si aceptamos la discusión nos estamos ‘saltando’ los principios básicos que conforman la Constitución Española de la Democracia. Yo tengo una sensación de que una de la gran culpa de este tipo de información que sale a favor de las ‘negociaciones’ es por cobardía y otra parte es por una falta de formación absoluta de las personas que están informando.

 

Pero Mariano Rajoy tampoco es que esté haciendo mucho por este tema. ¿Qué opina?

Rajoy ha reabierto una negociación bilateral con Cataluña para amoldar el reparto del margen del déficit a sus deseos. Y eso no puede ser. Cuanto más oxígeno se le dé, el nacionalismo más radical se vuelve. No podemos alimentar a aquellos que quieren romper España y los principios de solidaridad en que se fundamenta toda nación. La ley de estabilidad presupuestaria determina cómo hay que parar los pies a los que derrochan con cargo al esfuerzo de los demás. Y la Constitución hace lo mismo frente a aquellos que desde las CC. AA. violan el interés general. Y ese es el caso de la Generalitat catalana. Ceder ante los rupturistas no los reblandece: les anima a llevar su desafío hasta sus últimas consecuencias.

“La gente está acostumbrada a medirlo todo por el éxito externo”

“Yo nunca defendí al PP, yo critiqué a Zapatero”

 

Por otro lado, es verdad que España es un país de izquierdas, por desgracia. ¿Qué consideración le merece esta premisa?

Yo creo que España no tiene una definición clara. España ha tenido un problema de igualitarismo histórico de siempre, pero que yo no creo que sea una cuestión avanzada ideológicamente. Al final, uno lo mira y se pregunta: ¿qué es el Socialismo? El Socialismos de fondo es “quiero vivir como otro, sin preguntarme por qué el otro vive de esa manera”. (Carlos sonríe). Claro, es que a lo mejor el otro ha trabajado más que tú, o es más  brillante que tú.

 

Evidentemente no podemos partir de la base de que todos somos iguales

¡Claro! Yo en el “igualistarismo” no creo en absoluto. No todos somos iguales, para bien o para mal, todos somos distintos. Partir de una base de que todos somos iguales… Todos tenemos un “contrato” de derechos  que debemos respetar por igualdad. Que es por ejemplo lo que no han entendido los independistas catalanes. Yo tengo, por ejemplo, los mismos derechos que puedan tener ellos, porque contribuimos a ellos entre todos. Por lo tanto tú no me puedes quitar a mí tener esos derechos. Que ellos lo que quieren es ese trato “singular”. Y una cosa es que todos tengamos los mismos derechos, pero otra cosa distinta es que cada uno, desde ese derecho igualitario, tenga la libertad de obtener unos resultados diferentes, para bien o para mal. A lo mejor para pegarme un porrazo y estrellarme económicamente hablando… o conseguir una renta inmensa y conseguir mi patrimonio. Es más, creo que el 99% de los socialistas no han llegado a la abstracción de qué es el Socialismo. Lo que quiere realmente la población española, y ahí voy a lo que me preguntabas, es que, sin trabajar más, sin esforzarse más, vivir a un nivel de vida que no le permite su nivel de esfuerzo. Entonces, claro, a eso le llaman ‘Socialismo’ (Carlos vuelve a reir). A lo mejor no vamos desencaminados, y ésta es la definición del Socialismo. Pero eso es ridículo e insostenible. España lo que necesita en estos momentos es una cambio de educación brutal.

 

 

¿Estaríamos hablando, quizá, de una crisis de valores?

Totalmente. España lo que tiene es una crisis de valores enorme. Nos hemos ‘empijotado’ de una manera absoluta. España ha tenido distintas fases históricas: ha venido de una Guerra Civil, ha pasado una etapa dura, ha salido a flote, y, de pronto, se encuentra con un enorme endeudamiento pero que solo por la reincorporación a Europa y después a la zona euro…

 

Y gente que ha vivido por encima de sus posibilidades en medio de todo lo que dice, respaldado por ‘Papá Estado’, y Zapatero maquillando los números del déficit. Retomando el Socialismo, ¿afirmaría conmigo que es una especie de religión, de fé, en la que mucha gente cree pero que no está demostrado?

Temo llamar religión a eso. Pero entiendo lo que dices si entendemos en este caso por <religión> algo negativo. Yo no conozco ninguna religión que te estime de trabajar para conseguir tu resultado. El Socialismo el mensaje que le manda a la población es “tú no te preocupes, que trabajando con una renta media o baja vamos a conseguir que vivas como con una renta alta”. Y eso no es una religión, eso es un tongo (Carlos vuelve a reír). Y ese tongo lo pagamos entre todos. La realidad es que no se puede vivir así. Como persona no habría ningún banco que te hubiera prestado dinero, pero como Estado sí. ¿Por qué? Porque el Estado tiene la capacidad de estrujar a los ciudadanos vía impuestos. Entonces volvemos a la locura de que al final para mantener esos servicios, pretendiendo vivir como ricos cuando no lo somos, es incrementar una montaña de deuda, cuya única derivada posible es una carga fiscal brutal. Con lo cual, de una manera u otra, el poder adquisitivo se pierde. Vale, tendrás una sanidad que tú te creerás que es la mejor del mundo, pero no vas a poder llegar a final de mes por la carga de impuestos que tienes: pues nada, el día en el que te pongas enfermo te atenderán de maravilla, pero cuando estés sano no podrás vivir.

 

Esto evidencia una vez más que está a favor de la privatización de la sanidad para mejorar, aunque suene raro, la misma.

Yo defiendo que haya un contrato mínimo de servicios garantizados, pero no de servicios de élite garantizados. Los servicios de élite tienen que ser para una élite. Esto es muy básico. Si yo quiero ser élite, que tengas todas las oportunidades para llegar a ser esa élite; yo no creo en los estratos sociales, que uno pueda salir adelante siempre que uno quiera trabajando más, estudiando más, esforzándose más. Pero que no tengas derecho a ellos sin trabajar, estudiar y esforzarse más, porque entonces nos ‘cargamos’ el sistema, como está pasando. Porque así, todos optaríamos, por no estudiar, trabajar y esforzarse más. Es muy básico.

 

Y así no se generaría ni riqueza ni empleo…

Creo que debería haber un sustrato mínimo garantizado de servicios. Pero muy mínimo que no se va a quedar uno sin un tratamiento porque sea más costoso. Pero que no vayas a tener una habitación “chachipiruli” en un hospital. Hay fórmulas de prestar los servicios en que lo uno puede privatizar la gestión. Va a haber una garantía de servicios mínimos, pero eso no significa que no lo pueda prestar un ente privado. De hecho, todas las cajas mal gestionadas, son públicas; las comunidades mal gestionadas, son públicas. Todo eso es público, AENA,  etc. han dejado más de 30 mil millones de deuda, y, ¿eso es gestionar bien? Lo que se ha demostrado que ha fallado ha sido la gestión pública. Démosle la oportunidad, por lo menos, de mostrar de cómo lo haría la gestión privada.

 

“Se ha demostrado que ha fallado ha sido la gestión pública”

“Nos hemos ‘empijotado’ de una manera absoluta”

 

Mucho Cuesta o La Vuelta al Mundo fueron sus primeros programas de televisión. ¿Cómo vive el mundo de las cámaras? Porque, por ejemplo, Antonio Jiménez contaba aquí, en el cuestionario de Pimiento Verde, que jamás se imaginaba haciendo tele y que fue un gran reto para él, que, sin duda alguna, es en lo que más encaja.

A mí me hizo ilusión. Al final, yo me acuerdo de que al final de Expansión me di cuenta, hablando con Montoro, de que daba mucha ‘guerra’. Y él me dijo: “es que escribes para tus fieles”. Y es verdad, tú lo piensas y un periódico económico tiene una capacidad de influencia brutal. Y es verdad que estar escribiendo para un mundo cerrado que, al final, piensan como tú, pues al fin de cuentas el mundo empresarial es un  mundo de liberales. Con lo cual la capacidad que se tiene de influir es reducida. Es verdad que se ejerce presión sobre el Gobierno para que escuche lo que dices.

 

En parte, ¿les estaría diciendo lo que ellos ya saben?

Exacto. Sin embargo en la tele o la radio es más para la gente. Yo parto de la base de que al final, el albañil hace de maravilla sabiendo poner sus ladrillos, y el economista hace de maravilla sabiendo de economía, y el juez hace de maravilla sabiendo leyes y manteniéndose imparcial, si es que alguno lo consigue en España.

 

¿Se consideraría un hombre de éxito?

(Carlos se siente incómodo). Yo estoy encantado de estar a gusto conmigo mismo. Y esto para mí sí que es un éxito.  Mi mayor éxito, ahora que tengo 41 años, es que hasta el momento no he visto en ningún sitio alguna cosa escrita por mí que yo no defienda, y eso sí que es un éxito, más tratándose de periodismo.

 

 

¿Cómo se toma las críticas de la centro-izquierda española?

Me la tomo con toda la normalidad. He dejado de hacerle caso a eso. Si quiero ser como soy, es lo que soy. ¿Molesto a alguien? No. Lo que no es admisible es que sea de una manera como son los demás. Dentro de mi esfera de derechos soy como quiero ser. Es verdad que hay críticas que por supuesto que ni las descarto, porque igual es alguien que te dice cosas sensatas. ¿La crítica destructiva de este grupo de ‘stalinistas’ que tenemos en España? Me importa un soberano pimiento (Carlos afirma con seguridad). Es más, lo que me preocuparía es ver que no me atacan –verbalmente-. El día en el que yo siga defendiendo mi libertad y los ‘stalinistas’ no me atacan,  me preocuparía de verdad. Me refugiaría en el Himalaya porque eso significaría que mi función ha fracasado. Si no te critica esta gente, una de dos: o lo estás haciendo muy mal o es que ni te están escuchando. Para mí que ellos ladren, encantado porque eso es que cabalgo.

 

Conforme le voy escuchando, me da la sensación de hablar con una persona muy segura de sí misma, fuera del rol que cumplía en su tertulia pues a menudo se asume que es solo un rol. ¿Es una imagen que me da en esta cena o es una virtud que ha ido desarrollando con los años?

Complejos muchos no tengo (Caros sonríe). Tengo la sensación de que la sociedad necesita la confirmación externar para sentirse feliz. Es decir, si uno llega a directivo o a un sueldo alto, al final, si los factores externos no lo confirman uno puede sentir inseguridad. A mí es que eso me parece un error de óptica total.

 

Hay que competir solamente contra uno mismo…

Yo lo que hago en la radio o en la tele es decir lo que yo pienso: quedarme a gusto conmigo mismo. Yo parto de la base de que si tú te quedas a gusto contigo mismo y ese es el parámetro de medición, siendo honesto, es mucho más fácil que te sientas seguro, sin depender de factores externos y dependiendo únicamente de factores internos, de tu conciencia.

 

¿Qué dosis de sufrimiento ha podido tener Carlos Cuesta, después de escuchar ese optimismo vital que tiene?

La verdad es que pocas. Todos hemos tenido golpes, cuando nos cierra la tele de El Mundo. Lo que pasa es que el sufrimiento es subjetivo. Nos cierran la tele, pero en realidad es una maniobra, con lo que la competencia en la época de ZP habla con Antena3 y nos dicen que nos tienen que cortar el contrato de publicidad. ¿Por qué? Porque les hemos estado molestando políticamente. Yo todavía sigo esperando las querellas que nos iban a poner (Carlos vuelve a reír con ironía). Todo lo que dijimos era cierto, y ellos decidieron borrarnos un canal. ¿Tengo que sufrir por eso? Obviamente no me iba a poner a dar brincos por la calle, pero si tu parámetro de crítica internar es tu comportamiento y no el resultado… ¿tengo que estar a disgusto conmigo porque me cierren la tele por decir la verdad? No. A partir de ahí yo no tengo nada que echarme en cara. Vivimos todos, o por lo menos una gran parte de la sociedad, lo suficientemente bien para poder asumir golpes externos sin que supongan ningún trauma.

 

Ahora con la crisis y el número de parados, ¿sigue pensando igual?

Ellos sí lo están pasando mal. Pero si yo me hubiera quejado porque me cerraran la tele cuando el periódico me respalda, cuando sé que voy a tener a Federico respaldándome, o a Telemadrid que me respaldó, o Luis del Pino… ¿Quejarme? Habría sido ridículo.

 

¿Cómo se tomó que Antonio Jiménez le sustituyera?

La tele es así. Hay que sumar fuerzas y creo que lo hemos hecho. La prueba es que el programa del domingo “La Marimorena” es un éxito de audiencia. Todos tenemos que aprender de la experiencia de los demás: periodistas… Y políticos ¿verdad?

 

La sociedad actual, sobre todo entre las nuevas generaciones, viene un poco quemada. Por un lado, se da ese ‘embobamiento’ por ser los herederos de las ‘vacas gordas’ y esos avances tecnológicos que por un lado aceleran pero también retraen el cerebro con la ‘telebasura’; y por otro lado, ahora la crisis de la cual no se sabe si habrá salida.

Es un problema de valores. Internet va a existir y la televisión también. El tema es qué uso le des. Es un problema de falta de valores, y el valor, sobre todo, del sacrificio y del esfuerzo. La gente está acostumbrada a medirlo todo por el éxito externo. En crisis es difícil que haya éxito externo. Entonces, ¿qué hacemos?

 

Salimos una semana entera a acampar en Sol, ahora que es el tercer años desde entonces…

(Carlos ríe). No tiene sentido. La forma de medir el éxito de las personas tiene que ser otro. Si tienes un catálogo de valores, tú tienes la capacidad de medir si tu actuación se adecua a ese catálogo de valores. Si no tienes ese catálogo de valores, la única forma de medirte es analizando el éxito externo. Si me nombran director, si tengo un Audi o si puedo comprarme trajes de mil euros, por ejemplo. En un momento de crisis es muy posible que no puedas, incluso por muy bien que lo estés haciendo. Si tú forma de medirte es sobre ese tipo de cuestiones materiales, tu debilidad y tu fragilidad está garantizada, porque va a ser muy difícil que salgas a flote de una situación de estas. Entonces el problema que tenemos encaja perfectamente con los temas de la política: la ideología socialista que se ha incubado a través de lo que llamamos ‘Estado de Bienestar’ lo único que ha conseguido es un mecanismo según el cual “si tú no consigues algo, te lo da Papá Estado”, teniendo el éxito garantizado, ya que, si uno no consigue el éxito por uno mismo, Papa Estado lo facilita mucho. Por lo tanto no tiene ningún sentido que tú te analices según el criterio de valores porque Papa Estado te da un crédito, Papá Estado me ha dado una vivienda, Papá Estado me ha dado, Papá Estado me ha dado… Pero cuando Papa Estado te quita la casa porque no la pagas o te hace pagar un euro por receta, se protesta… Y como Papa Estado me ha pervertido el sistema educativo para que no tenga capacidad crítica pues tan siquiera tengo un sustrato mínimo de conocimientos para analizar si tiene o no sentido algo.

 

Con frecuencia es preferible, para algunos gobiernos, mantener en la ignorancia al pueblo.

Hay una cosa que es obvia: el Liberalismo es la defensa de la libertad. La libertad la consigues en la medida en la que tú tienes más conocimientos. La única forma de criticar a un gobierno por lo mal que lo está haciendo es informarte y formarte. Pero se hace todo lo contrario: confiar en Papá Estado, que Papá Estado es bueno y sabe mejor que vosotros. Así exige que no te formes, no te informes y no critiques.

 

También existe un Papá Estado de Rajoy. ¿Qué aportaría?

Sigue habiendo papá Estado. La cultura de la subvención está muy implantada entre determinadas capas de la sociedad. Y no es justo. ¿Por qué un autónomo tiene que asumir que no hay descansos y un empleado público, que vive de los impuestos del primero, tiene todos sus descansos, turnos, jornadas de verano, etc. blindadas legalmente? La solidaridad debe serlo para aquellos que necesitan igualarse en oportunidades. Para que todo el que quiera luche en igualdad por su futuro. El estado asistencial debe limitarse al mínimo lógico y necesario en una sociedad que defiende la dignidad humana. Pero no puede convertirse en un mecanismo de captación de votos basado en ofrecer a los que menos se esfuerzan el fruto del trabajo de quienes se matan por sacar adelante su vida y la de sus familias. Eso no es humanidad ni solidaridad. Eso es un robo.

 

La España del Gato al agua era la España que defendía que en ese túnel oscuro el PP sería la luz, pero una vez ganadas las elecciones esa luz no se ha visto todavía. ¿Qué enfoque tiene?

Yo nunca defendí al PP, yo critiqué a Zapatero.  Son dos cosas muy distintas. Yo al PP no le he defendido; yo he defendido una opción para España distinta a la barbaridad implantada por el gobierno socialista. Yo nunca me he sentido anexionado al Partido Popular, nunca he sentido ni que yo les debiese nada a ellos ni que ellos me debiesen algo a mí. Nada. Yo al PSOE le he criticado por hacer determinadas cosas y no por llamarse <socialista> y al PP le criticaré otras cosas dependiendo de cómo lo hagan.  Comparto con Antonio que no se ve la luz del túnel. En impuesto, se ha subido mucho más. En deuda, se ha incrementado… En estructura territorial del Estado, tampoco se está defendiendo frente  a los ataques soberanistas de una forma férrea los principios de la Constitución Española. Yo no voy a defender eso, lo hago el PP o el PSOE, y si de pronto en IU se vuelven todos ‘locos’ y empiezan  a defender mis valores, les votaré.

 

Su marca personal podría resumirse en que su éxito interno es trabajar en lo que le gusta viviendo acorde a sus principios. ¿Añadiría algo más?

No. Tengo 41 años. Y no recuerdo el número de veces que he tenido que rehacer el programa. Sólo sé que son una menos que las que lo he relanzado. Me importan un bledo los ataques. Sólo sé que duermo tranquilo. Y no sé si todos pueden irse a casa con la conciencia tranquila y la cabeza alta.

 

 

CENA EN PIMIENTO VERDE con CARLOS CUESTA

Entrantes:

Rosas de Alcachofa

Primer plato:

Rape

Bebidas:

2 copas de vino blanco Verdejo

Postre:

2 Cuajadas

1 cortado

Nota de Cuesta PIMIENTO VERDE: 8

 

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Un comentario sobre “Carlos Cuesta: “Yo nunca defendí al PP, yo critiqué a Zapatero”

    […] la misma universidad, y con quien además llegó a trabajar–, algo menos la de lee la entrevista Carlos Cuesta –pues éste le daba más al tenis que a la pluma literaria, a pesar de ser un gran periodista hoy […]

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