Antonio Jiménez: “Mi verdadero amante ha sido la radio, aunque esté casado ahora con la televisión”  

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Brand of the Art y Antonio Jiménez conmemoran las pasiones de un periodista

(Noviembre 2012)

NOTA AL LECTOR: Al mes de la publicación de la entrevista, Antonio Jiménez fichó por 13TV para presentar ‘El cascabel al gato’, en donde continúa a fecha de hoy (abril 2014)

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Difícil imaginar es, para aquellos que desconozcan esta información, pensar que la estrella de  Intereconomía ha comenzado a trazar su biografía profesional desde la Cadena Ser; una etapa inicial de su vida profesional caracterizada, como él mismo dice, por el compromiso con el cambio, la tribulación con la incertidumbre, y un incitante apasionamiento que le contagiaban los acontecimientos políticos.

Casi una década ahí, para llegar a la Cope, en donde a Antonio el sueño le robaba la búsqueda de mayores aspiraciones profesionales. De ahí fichó por Onda Cero; aunque atestigua el jiennense que no fue su mejor época en el periodismo de radio:  “era una etapa confusa e incierta, pues se vivían acontecimiento profesionales”. Fueron unos años que denominó como “etapa plana”. Y, por el contrario, RNE fue la culminación de una aspiración personal que es la de hacer el gran programa de la mañana de la radio pública, pese a que, con la llegada del PSOE en 2004, eliminaran las tertulias políticas y, con ellas, encorsetaron a Antonio Jiménez. “Teníamos una audiencia tremenda en la radio pública y (…) nadie cuestionó aquellos cambios. Y ahora cuando llega el PP al Gobierno, se hacen cambios considerados ‘oportunos’ y  todos protestan” cuenta el periodista.

La osadía y el atrevimiento fueron las mejores armas para afrontar cualquier reto, cambio o complicación; no sin olvidar que la profunda fe de Antonio le hace comprender mejor la vida.

Considera que hay que hacer de la necesidad una virtud pues, después de casi media vida haciendo radio, la televisión en Intereconomía suponía un reto. Un reto que, muy pronto, brilló con luz propia. “La España del Gato al Agua es una España que ha depositado unas enormes esperanzas y expectativas en el PP de Rajoy (…) y, a lo mejor, en estos momento está viviendo cierta tribulación porque no se encuentra la luz que se ha buscado durante estos últimos años”, atestigua.

Siete años cumple ‘El Gato’ de Antonio Jiménez, época profesional que considera como la ‘etapa dorada’ de su carrera periodística. Antonio Jiménez es una persona sin grandes ambiciones materiales, sin embargo es perfeccionista hasta rozar la obsesión. Un perfeccionismo, no obstante, que podría ser el causante de su éxito profesional, cuyo objetivo personal es el hallazgo de un camino intelectual a seguir para todos los españoles.

 

 

¿En qué momento se da cuenta de que el periodismo es lo suyo y decide hacer esta carrera?

Me planteo hacer periodismo como una necesidad vital, propia de alguien que tiene una infancia feliz, una vida normal, una familia de clase media, en un pueblo de Jaén. Jugábamos como todos los niños a los vaqueros, coleccionábamos cromos de todo tipo, leíamos muchos tebeos y las aventuras de Asterix o Tintin… Y a partir de ahí voy a estudiar de interno a un colegio, ya que ahí no tengo la posibilidad de hacer lo que es hoy el bachillerato. Y me voy a un colegio de Los Carmelitas a 100 kilómetros de donde vivía. Entonces 100 kilómetros era una distancia considerable. Y ello me hizo cambiar radicalmente.

 

¿Más independencia?

La propia vida y las circunstancias te obligan a ser más responsable. Un niño de 10 años todavía no creo que sea capaz de coser sus propios botones. Sin embargo, yo ya había cosido un botón porque me obligaban las circunstancias.

Era un colegio religioso, muy disciplinario, y no tengo ningún complejo ni frustración como muchos a veces exhiben cada vez que se investiga en su pasado por haber estudiado en un colegio religioso.

 

Y de ahí, ¿cómo paso al periodismo?

Probablemente el hecho de saltar del pueblo al colegio, y de vivir una disciplina espartana implicaba que yo tuviera  ganas de libertad, de airearme: tenía ganas de salir y buscar nuevos horizontes. Algo que fuera creativo, que fuera con mi personalidad. Quería buscar algo que me satisficiera, me llenara. Quería viajar, conocer historias. Y pensé que el periodismo podría complacer perfectamente mis necesidades. Erajusto en el 75, año de la muerte de Franco, y se empezaba a vivir de una forma intensa los acontecimientos del momento.

 

¿Y cómo se incorpora al mundo laboral?

Tuve la suerte de haber estado en una clase en segundo de carrera cuyo profesor José Carlos García Farjardo, a quien recuerdo con mucho cariño y mucha gratitud pues influía en nuestra forma de ver la carrera. Nos impartía Historia del Pensamiento Político, y creó un equipo de trabajo para hacer una serie de proyectos. Recuerdo que organizó un viaje a Marruecos y lo divertido de aquello era la forma en la que captábamos los fondos. ¡Vendíamos periódicos! Diferentes diarios, como ABC, Informaciones, entre otros, nos regalaban 50 periódicos que vendíamos nosotros en la Avenida Complutense, cerca de la facultad; y cuando había algún acontecimiento, lo vendíamos en la Gran Vía o incluso dentro del Estadio de Santiago Bernabéu. O incluso en la cola que la gente hacía para ver el cadáver de Franco. Y este mismo profesor nos ayudó a entrar en la cadena Ser.

 

¿Qué queda de la Ser de entonces?

La SER que yo conozco es una cadena comprometida, desde luego, con la Transición y con la Democracia, y la constitución del 77. Era una cadena bastante independiente, y eso que estaba presidida por una persona afiliada a la UCD. Los avatares de la política partidista eran menos acusados que a partir de los años 90. Y de aquella SER recuerdo haber trabajado con absoluta libertad. Nosotros éramos un medio en cuya redacción se respiraba bastante independencia.

 

¿Cómo fue afrontar aquel trabajo tan insultantemente joven?

Es cierto que fui un becario que pasa al primer estado de la redacción, que hace guardia de las puertas de las sedes de los partidos políticos, que presencia ruedas de prensa, asistiendo a todos los acontecimientos. Yo trabajé haciendo crónicas desde el Congreso cuando estaban creando la Constitución. Me considero demasiado joven para haber podido valorar de una forma mucho más objetiva, más crítica y más reflexiva lo que estaba pasando. No obstante, era el momento que me tocó vivir. Quizá lo podríamos haber hecho mejor, como lo estamos haciendo en estos momentos. Pero es lo que me tocó vivir, con apenas 21 años, y era lo que tocaba.

 

¿Qué le asustaba en aquellos tiempos?

Tenía miedos, sí. No tenía miedo quizá a trabajar y vivir un conflicto bélico, como el de Irán de entonces, por ejemplo, a donde mandaron a un compañero mío. Creía que debía estar ahí y no valoraba el riesgo. Tenía ganas de hacer cosas, sentía la necesidad de experimentar y estar ahí, donde estaba la noticia.

Pero sí tenía miedo de otro tipo: miedo a que ese paso que se estaba dando para normalizar la vida de España hacia la Democracia y hacia la libertad se viera truncado. ¡Era algo que sentíamos necesario para el progreso propio de la Nación! España progresaba en función del progreso de sus propias libertades. Temíamos una involución cayendo en el aislacionismo, y si te aíslan, ya mueres como nación. Y temía que aquella Transición, aquella democracia parara, con sus consecuencias: volver a un conflicto armado. Por eso esa etapa la vivimos con muchísimo más apasionamiento los acontecimientos, por la simple razón de que vivíamos pegados a ellos.

 

Era un miedo compartido…

Y la rabia que se experimentaba. Los crímenes más atroces de ETA se producen precisamente en los años 70 y 80. Entre el 75 y 85 se producen probablemente los crímenes más horrendos. Y creo que todo aquello de verdad provocaba indignación, rabia, frustración… En aquel momento en España si alguien pidiera la pena de muerte para algún terrorista yo creo que es algo que entonces podría haber sido aprobado en un referéndum. En aquellos tiempos ponían en riego permanentemente la transición. A la rabia y la pena que se sentía por las víctimas, por las personas inocentes que habían sido ejecutadas, se unía que cada criminal conllevaba cuestionar el régimen propio, la democracia, e intentar acabar con eso. Estaban apelando a que el ejército se levantara para llevar lograr una involución de España estos malnacidos. Ahí sí sentí miedo y sobre todo el dolor intenso de las familias.

 

 

Viendo su apasionamiento profesional, en su vida personal, ¿qué motivaciones destacaría a nivel espiritual y tiempo de ocio? Pues se aprecia que estuvo intensamente metido en el trabajo apartando quizá otros aspectos…

Personalmente en esto sí tengo una pequeña frustración. Probablemente me haya volcado tanto en el trabajo que no solamente haya despreciado otra parte de mi vida, sino que también, probablemente, haya sido egoísta con otra parte de mi vida que considero que podría haber sido importante y enriquecedora. Creo que sí he sido egoísta por mi trabajo. Quizá le he dado demasiado a esta profesión porque me volqué en el sentido de que el sábado y el domingo trabajaba también, aunque era algo que no me importaba, a decir verdad. Bien es cierto que el hecho de haber estado soltero hasta hace 12 años también me hacía no tener ninguna responsabilidad compartida para centrarme más en mi trabajo. Tampoco sé si eso es bueno o malo.  A veces creo que tengo motivos para quejarme internamente, y para valorar ciertas lagunas vitales que yo creo que habría podido solucionar.

 

La movida madrileña, ¿cómo la vive, por ejemplo?

No la vivo, directamente.

 

La vive desde otra cara, otra enfoque: la política…

No era una de esas personas que buscaba los lugares más emblemáticos propios de la ‘noche madrileña’ donde estaban los que dicen que protagonizan esta situación de la ‘movida’. Yo la viví colateral. Forma probablemente de todo aquello de que Madrid de pronto descubre que hay una vida lúdica y muy intensa, y para algunos muy creativa. Yo la vivo de una forma, podríamos decir, más relajada y colateral.

 

Después de dejar la SER, podemos decir que viaja de cadena en cadena: una década en la COPE, 5 años en ONDA CERO, y después ficha por RNE con la llegada de los socialistas, razón por la que queda fuera…

En 2004, gana las elecciones el PSOE, y lo primero que nos dicen es que van a eliminar las tertulias políticas de la radio pública y televisión, porque dicen que un medio de comunicación público no debe dar opinión. Con eso me recordaba a los años en los que arrancan masivamente las tertulias en las cadenas privadas.

 

¿Es la doble moral de la izquierda española?

Efectivamente. Parece que esta doble moral rige los principios de Groucho Marx: “estos son mis principios, y, si no te gustan, tengo otros”. Y, cuando llegan al poder, eliminan las  tertulias, incoherencia total, sacándonos de la “pista”. Nadie protestó que las quitara. Teníamos una audiencia tremenda en la radio pública, y, sin embargo, nadie cuestionó aquellos cambios. Y ahora cuando llega el PP al Gobierno se hacen cambios considerados oportunos y  todos protestan diciendo que aquí se ha acometido una aberración.

 

Le tocó tratar el 11M ya casi en los últimos días en la radio pública. Se dijo que fue ETA, después lo desmentisteis… A estas alturas, ¿qué opinión tiene del asunto?

(Antonio reflexiona). Sinceramente reconozco no saber más que lo que ya hemos comentado y dicho en los últimos años. Sí sé una cosa: el 11M cambió el curso del destino de las urnas y de España, modificando el estado anímico de todos.

 

¿Diría que fue un golpe de Estado secreto de los socialistas?

Es razonable pensar y cuestionar y meditar sobre las consecuencias que tuvo aquello para concluir que aquello no fue espontáneo, no fue algo montado por cuatro moros, como se ha dicho, que colocaron supuestamente aquellas bombas de forma muy intencionada en aquellos trenes para causar el mayor número posible de muertes. Aquello buscaba consecuencias; y, desde un punto de vista político, las hubo. Cambió el rumbo de una política de un España de Aznar como la que ha habido debiendo haber estado entonces Mariano Rajoy.

 

 

Hay muchas opiniones sobre esto, pero los hechos están ahí.

Nadie puede dudarlo; los hechos están. Con el paso del tiempo, a toro pasado es más fácil hablar, pero es verdad que desde un punto de vista político la reacción del Gobierno de Aznar no acertó; en esos momento, José María tenía que haber sido lo suficientemente inteligente: primero, tenía que haber convocado a todos los dirigentes de la oposición al Palacio de la Moncloa, y haber valorado, conjuntamente, qué se debería hacer, y así buscar una salida conjunta, si se aplazaban o no las elecciones. Y en segundo lugar, dejar claro que fuera quien fuera había un atentado gravemente oculto, independientemente de que si fuera ETA o fueran los islamistas fundamentalistas. Y si esto se hubiera hecho en aquella mañana del 11M las cosas habrían cambiado totalmente.

 

Cosas que se pudieron hacer pero no se hicieron…

Así es. Igual que lo que pasó ha conseguido cambiar el rumbo de España, modificó fundamentalmente el estado de ánimo de miles de personas que han votado. Si se hubiera actuado de otra forma por parte del Gobierno, a lo mejor el resultado habría sido diferente. Aunque es verdad que, si se hubiera hecho una declaración conjunta de los terroristas por parte del gobierno y las oposiciones, fueran del signo que fueran dichos terroristas, probablemente no deduciríamos que la izquierda intentara aprovechar la ocasión y recordarle a Aznar que eso era la consecuencia de la guerra de Irak, porque es lo que se hizo inmediatamente. Pero habría quedado más desactivada esa reacción del partido de la oposición que lo usaron para canalizar todo el foco en contra de gobierno y los terroristas que habían cometido la salvajada. Al final, parecía que era culpa de Aznar y no de los criminales que mataron a 200 personas.

 

 

Y avanzando con su vida profesional, llega a Intereconomía; primero radio, y después ‘tele’. ¿Cómo lo recuerda?

Nada más conocer a Julio, al día siguiente ya estaba haciendo un programa en Radio Intereconomía, de bolsa, pero también ya de información y de opinión.

 

Ya que vive en primera persona la creación de la televisión de Intereconomía, cuéntenos cómo se formó.

Julio compra Expansión Televisión que es un canal que emite solo en la televisión de pago en la plataforma de Digital Plus. Coincide en un momento en el que Expansión Televisión tiene problemas económicos, la gente de redacción no deja de manifestarse en las puertas del Grupo Recoletos en el Paseo de la Castellana, y Julio a través de su ventana, día a día, desde su despacho, observa la “bronca” que estaba montada. Decide sondear al presidente del Grupo Recoletos y tratar la posibilidad de comprar Expansión Televisión, pues solamente teníamos una radio económica y así tendríamos una televisión económica. Entonces se compra Expansión Televisión por un euro, a cambio de asumir todos los costes laborales de grupo, quedándose toda la plantilla. Lo primero que hice en la televisión de Intereconomía fue un programa al medio día, como consultorio sobre bolsa, seguros, etc.

 

Muy pronto creáis el Gato al Agua…

Buscando contenidos, con  Julio y Javier Horcajo se nos ocurre hacer una tertulia política como la de la radio para las noches. A partir de este momento, hay mucha gente que empieza a ver la televisión como escuchaba la radio, porque les llenan esos momentos por las noches. Se nos ocurrió un debate en donde los tertulianos se tengan que ganar el voto del público a través de mensajes. De ahí el nombre: llevarse el gato al agua. Una marca extraordinaria y consolidada. Emitimos en diciembre en cerrado, desde Digital Plus, y pasamos al abierto cuando nos dieron una licencia en Madrid, que es la que tenía Libertad Digital, y pasamos después a emisión nacional. “El Gato” ha gozado de una salud extraordinaria; han pasado ministros, hemos casi creado a contertulios que empezaron con nosotros pero después se aficionaron a este formato… Hemos inspirado a mucha gente para hacer lo mismo.

 

¿Fue un reto, el pasar de radio, formato que cultivó durante décadas, para adentrarse en la televisión?

Hay que hacer de la necesidad una virtud. De mi desconocimiento desarrollé cierta osadía. Se tiene que hacer, y como se tiene que hacer, hay que ser osado, y hay que acostumbrarse y mentalizarse que cualquier gesto perjudica a tu imagen. Cualquier forma de hablar, palabra que se diga de una forma distinta a la radio es fundamental. Todo tiene influencia, y se estropea, porque a mí justamente lo que me gusta de la radio es su espontaneidad. Y hablar con toda la naturalidad posible… Lo que comparto en “El Gato” con la radio es la naturalidad y espontaneidad. La gente nos ve muy cercana.

 

El Gato al Agua marcó probablemente un ‘antes’ y un ‘después’ en su carrera…

Antes pasaba inadvertido pese a presentar la Brújula del Mundo, haber estado en las mañanas de la Ser; podía hacer todo aquello pero reconozco mi  profesionalidad a partir de un programa de televisión como esto. Solo puedo hablar en ese sentido, pese a que siempre estuviera casado con la radio. Mi verdadero amante ha sido la radio, aunque esté casado ahora con la televisión. La televisión y este programa, puedo reconocer, que me ha dado muchísimo.

 

Por lo que cuenta, se denota que es una persona muy atrevida…

No me he arrugado aunque la adversidad ha intentado sobreponerme. He hecho mis travesías en el desierto, pero felizmente y gracias a Dios he podido superar obstáculo a obstáculo.

 

¿Qué travesías en el desierto recuerda?

Cambiar de radio privada a radio pública, por ejemplo, es un tema difícil de afrontar. Se tiene que valorar un hecho sustancial: se dirige a todo un país pero desde una radio pública que todo el mundo siente propia, sea de izquierdas o de derechas. Con lo cual se tiene que valorar mucho todos los contenidos para no herir susceptibilidades. Y es más complicado que en una radio privada que tienes una línea editorial que se desarrolla: si la compartes, adelante; si no, te marchas. Con la pública hay que agradar a todos.

 

¿Cuál es la España del Gato al Agua?

Es una España desde un punto de vista sociológico conservadora, de valores, de principios, de una edad media que puede estar a partir de los 45. Que, desde un punto de vista político, está alineada con el PP, una opción de partidos de centro-derecha o de derecha directamente; una España que ha depositado unas enormes esperanzas y expectativas en el PP de Rajoy para que saque esto adelante y que, a lo mejor, en estos momento está viviendo cierta tribulación porque no se encuentra la luz que se ha buscado durante estos últimos años. Se está con la esperanza de ver la luz pero aun no se ve.

 

Conversando sobre su carrera, se aprecia un hombre de éxito profesional. ¿Mera suerte o hay que salir a buscarla?
Creo que hay un factor que no sé si llamar suerte o “el momento y lugar adecuado”. Como tengo fe, me alío con Dios y he encontrado “ese momento” y “ese lugar” justo en el preciso instante en el que lo necesitaba. No a lo mejor con la premura que muchas veces uno quiere, pero no me puedo quejar en ese sentido. Hay una mezcla de factor de oportunidad que a mí me ha venido bien junto con algo que yo he valorado personalmente: me ha gustado siempre trabajar. Es más, mi forma de ser excesivamente perfeccionista me complica mucho mi vida personal en ese sentido. Nunca me siento satisfecho con lo que hago y me gusta ir más allá cuando consigo que el programa alcance una audiencia buena, me sigue pareciendo insuficiente. Me acuso a mí mismo como culpable de cualquier fallo, y luego lo comparto con lo demás, y pido que los demás realicen también autocrítica. Las personas autocríticas podemos llegar a ser bastante obsesivas, pero también mejoran mucho las cosas.

 

Pese a la inconformidad en algunos momentos, ¿es feliz?

(Antonio duda). Desde un punto de vista profesional, hay días que sí y hay días que no. Días que sí, pues se cumple con el trabajo y se procura hacerlo todo muy bien, pero hay factores que impiden que toda esa dicha que acompaña al esfuerzo sea recompensada. Carlos Sánchez, un amigo, decía en una frase muy irónica y muy “puñetera”, cuando la gente se quejaba de si se defiende más un partido que otro, “¡cuánto ganaría la radio sin oyentes!”. (Antonio ríe). Pero como se tiene que hacer programas en función de los gustos de la gente, hay veces que los gustos personales no coinciden con los de los demás y se siente uno frustrado. Ya me gustaría que todo lo que yo quiero hacer es lo que la gente quiere recibir.

 

Por este cuestionario han pasado grandes como Luis Herrero y Marcial Cuquerella. ¿Qué diría de ambos?

Luis Herrero es un periodista que guarda la esencia de lo que es el buen periodista: la contestación, la crítica y el Grado de compromiso consigo mismo que me parece que no es complaciente con el poder. Marcial Cuquerella ha sido un buen compañero con el que he compartido la etapa más apasionante de mi vida profesional, desde un punto de vista televisivo. Porque ambos hemos trabajado conjuntamente en esa etapa. También hemos pasado por momento de dificultades, pero también por momentos satisfactorios.

 

Y la pregunta habitual de Brand of the Art, ¿cómo definiría su ‘marca personal’?

Ser honesto con la verdad. No creo tanto en la objetividad como en la honestidad. Y ese es mi grado de compromiso.

 

…………………………………

CENA EN PIMIENTO VERDE

Entrantes:

Rosas de Alcachofa

Ensalada templada con gambas y gulas

 

Primer plato:

Rape

 

Bebidas:

1 Botella de Sidra ZAPANI

 

Postre:

Cuajada

1 Cafés cortado ILLY en tazas diseñadas por Pedro Almodóvar

1 Poleo menta

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A Katy Mikhailova, con mi afecto y reconocimiento a su inquietud, profesionalidad y entusiasmo por la moda bien entendida.

Antonio Jiménez

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