César Vidal: “Me interesan más los sentimientos que el análisis”

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César Vidal y Brand of the Art hacen un repaso social desde el trabajo a la salvación divina, pasando por las pasiones

(mayo 2012)

NOTA AL LECTOR: César Vidal abandonó ‘es la Noche de César’ en esRadio en julio 2013 sin dar demasiadas explicaciones. Un tiempo después declaró que ello se debía a que estaba en desacuerdo con la gestión del grupo. Tuve la oportunidad de ser su colaboradora fija, en calidad de analista de moda, desde enero de 2013 hasta el mes en el que se marchó para LD TV y esRadio. En diciembre de 2013 publicó sus memorias, ‘No vine para quedarme’. Sigue en Miami desde donde continúa escribiendo para LA RAZÓN.

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Erase una vez un niño que iba a ver el partido de fútbol, obligado por su padre, con un libro bajo un brazo. Un niño que fue criado en un contexto católico, y, no tan niño, decidió pasarse al Protestantismo, sirviéndole este cambio como una herramienta de análisis para entender la mentalidad de prácticamente cualquier sociedad. Podemos preguntarnos hoy, tras leer la entrevista, si no fuera por el griego, lengua muerta que no quería perder, si seguiría siendo católico. Probablemente no. Su convencimiento lógico, ese que aplica en sus programas, le sirve para intentar racionalizar con lógica –alejado de toda estupidez- cualquier suceso, a pesar de que asegure que “la fe no es ni racional ni irracional, pero sobrepasa la razón”. Así es César Vidal –Cicerón o Caesar, como le llamaban de pequeño sus compañeros-, quien parece que sí ha racionalizado su fe pero desde el sentimiento y el amor.

 

Ese niño que iba con un libro a todas partes, y que ahora vive y trabaja con y entre ellos. Su despacho de Libertad Digital parece un auténtico vertedero de sabiduría recogida en textos y manuales que rodean un pequeño espacio para el ordenador y su silla. La ironía no le abandona ni para el almuerzo en Pimiento Verde –no pudo ser cena, como es habitual para esta sección-.

 

Ocho idiomas – entre los cuales un ruso muy fluido-, más de cien libros publicados, Doctor en Historia, Teología y Filosofía… La pregunta que se hacen todos, ¿de dónde sacará el tiempo? “Yo soy un trapero del tiempo. Nunca lo tiro. La gente no va tirando monedas porque son de poco valor.  Nadie tira las monedas de diez céntimos, de cincuenta céntimos, de un euro.  Sin embargo, sí está habituada a tirar pequeños espacios de su tiempo.  Se desprende de diez minutos aquí, de media hora allí.  Quién sabe si de más”. Divide su pantalla de ordenador en dos: mientras en una redacta, en la otra ve una película. Desde las ocho de la mañana hasta el mediodía, escribe; almuerza, duerme una siesta para aguantar ese programa tan largo que tiene en Libertad Digital/esRadio; a las cuatro de la tarde ya está en Juan Esplandiú, y, mientras prepara “Es la Noche de César”, aprovecha para escribir quizá la columna de “La Razón” redactando así, de su día a día, un nuevo capítulo para contar.

 

 

En julio leyó su cuarta tesis. Para nuestros lectores que lo desconozcan, ¿de qué trataba?

Se trata de una tesis sobre la justicia revolucionaria. La primera parte trata sobre la administración de justicia que se implanta en Rusia desde el golpe de los Bolcheviques de 1917.  La suya es una visión absolutamente revolucionaria que empieza con el Decreto nº1 del Consejo de Comisarios del Pueblo, el gobierno bolchevique.  La segunda parte estudia cómo varió la administración de justicia en España con la revolución que empezó en julio del 36 en la zona controlada por el Frente popular.  Analizo, por lo tanto, dos procesos revolucionarios: el ruso y el español. Evidentemente, el original es el ruso y el español tiene mucho de imitación.  En ambos se consagra una visión de la administración de justicia totalmente distinta a la conocida hasta entonces porque la justicia deja de ser para convertirse en justicia de clase.

 

¿Por qué España y Rusia, y no otras naciones?

Personalmente considero que la Historia de Rusia y la Historia de España son muy parecidas.  Ambos son países de frontera, han sufrido una invasión islámica durante siglos y se han forjado en la lucha contra la invasión extranjera. Son también los únicos países que se enfrentan con Napoleón y lo derrotan. Y también ambos sufren una guerra revolucionaria en el siglo XX aunque, mientras que en España ganan los blancos, en Rusia ganan los rojos.  Por otro lado, los paralelismos no sólo se dan en las áreas políticas.  La interacción cultura es inmensa. Rimsky Korsakov viene, por ejemplo, a España y se inspira en su música para el conocido Capricho español y, sobre todo, existe una serie de elementos literarios de fascinación hacia el otro, sobre todo, desde Rusia. Es cierto que puedes encontrar españoles que no sepan quién es Pushkin, pero no vas a encontrar a un ruso que no sepa quién era Cervantes.  De hecho, durante décadas, la mejor versión cinematográfica que existió del Quijote fue una rusa protagonizada por Cherkasov.

Sin duda, la influencia del Quijote ha sido tremenda. Ha influido en la literatura francesa, en la alemana, en Dickens, pero cuando analizas autor por autor, la gran influencia se produce en Rusia. Turgueniev habla del Quijote, Dostoievski se refiere al Quijote; Bulgakov escribe una obra de teatro inspirada en el Quijote…  La verdad es que, con toda la influencia que tiene en la literatura universal, la gran influencia del Quijote se percibe en Rusia.

 

¿Qué habría ocurrido en Rusia si, al igual que en España, hubiera ganado el ejército blanco?

Posiblemente se habría entrado en un proceso histórico que seguramente hubiera entroncado con las reformas de Alejandro II. Es decir, cuando uno ve, por ejemplo, la visión que tenía Kolchak– del que por cierto se ha hecho una serie de televisión muy interesante en los últimos años y la gente ha descubierto que no era monárquico ni reaccionario; sino que era reformista y republicano- se hubiera vinculado, muy posiblemente, con una línea reformista.

Por supuesto, estamos especulando, pero, seguramente, no habría sido como en España donde se instauró una dictadura militar. En Rusia seguramente se hubiera ido hacia un proceso mucho más democrático y más profundamente social de lo que pasó en España.

 

En la cena anterior con Marcial Cuquerella hablamos de la iglesia ortodoxa y el comunismo. ¿Cree que la religión ortodoxa fue una salida para los rusos que tuvieron que convivir con el régimen comunista?

(César reflexiona) Entiendo que hay una serie de lugares hacia los que huyen los rusos que de alguna manera se sienten oprimidos por el régimen soviético. Creo que hay una parte que huye hacia lo estético.  Ciertamente, no se puede negar el cultivo que hay de las artes dentro de la propia URSS que es extraordinario. Y, en buena medida, no sólo es un fruto del proceso de la popularización de la educación, sino también de la huida hacia algo más espiritual. También hay una parte que va hacia vías espirituales de carácter trascendente. Y efectivamente ése es el caso de la iglesia ortodoxa, pero también el del enorme crecimiento de las iglesias evangélicas en la clandestinidad.

Si nos fijamos en los autores disidentes, o vemos a un virtuoso como Rostropovich, o a gente que se convirtió al Cristianismo como fue el caso de Boris Pasternak o como el propio Bulgakov. “El Maestro y Margarita” es una novela que obliga para su comprensión a conocer muy bien el ocultismo ruso del s. XIX, pero, fundamentalmente, es una novela con un mensaje cristiano.

Y en el caso del régimen franquista español, ¿pudo haber huido la sociedad española hacia el catolicismo? O, ¿al defenderlo el propio Caudillo se veía como una norma?

Es una situación diferente, porque, salvo los primerísimos años del régimen, Franco precisamente lo que no quería es que la gente tuviera opiniones políticas. En el régimen socialista soviético o el régimen nacional-socialista germano se buscaba que la gente estuviera involucrada en la maquinaria política, mientras que el régimen de Franco intentaba desmovilizar políticamente al pueblo.  Por otro lado, el gran fundamento ideológico de Franco es el Catolicismo.

La gente que deseaba escaparse del régimen de Franco, en una cierta medida, derivó también hacia la cultura.  En los últimos años de Franco, el teatro tuvo una efervescencia entre los jóvenes gracias a que era una vía de escape.  Hubo incluso grupos de teatro a los que controlaba incluso directamente el partido comunista. Hubo también gente que se canalizó hacia la vía religiosa, pero, de forma muy minoritaria, porque, evidentemente, la cultura católica era una cultura que empapaba la vida cotidiana de una manera que ni se puede imaginar alguien de la generación de usted.  Yo a veces hasta dudo haber vivido lo que recuerdo en ese sentido.  Y a ello se añadió que, por otro lado, la gente se desmovilizó de la política. La experiencia de la guerra civil fue muy traumática y la de la posguerra lo fue incluso más.   La gente, en general, deseaba vivir algo mejor, recuperarse de tanto horror y eso tuvo como consecuencia que, seguramente, en la época franquista el fútbol fuera un refugio mucho mayor que cualquier otro.

¿Usted se refugió en el Protestantismo?

De entrada, debo decir que mis padres eran católicos.  Con todo, en España, se produjo un proceso que viven muchos, no sólo de mi generación, sino también de algunas anteriores a la mía, que está vinculado a gente que crece en un país que es ideológicamente católico y que se va desvinculando del catolicismo al final de la infancia y el inicio de la adolescencia.  Así, de pronto, emerge en la juventud ya situada en el agnosticismo. No fue mi caso, pero sí el de muchísima gente. La gente que ahora está al final de la década de los cincuenta o mediados de los sesenta – incluso algunos en la de los setenta – es muy reveladora al respecto.  Es una generación que no es la mía y en la que puedes incluir a personas que van de Felipe González a Iñaki Gabilondo, pasando por Federico Jiménez Losantos, por citar gente diversa de diferentes ideologías.

Esa gente vive ese distanciamiento de la iglesia católica que, a mi juicio, se produce más por razones sociológicas que de otro tipo.  Es decir, igual que un momento determinado de su vida las niñas dejan de jugar a las muñecas y los niños con los trenes, por ejemplo.

En su caso, ¿cómo y de qué manera se da?

Yo me convierto a Cristo leyendo el Nuevo Testamento en griego, algo no muy habitual.  La verdad es que yo no quería perder el griego que había estudiado en el bachillerato y me encontraba con que el único libro en griego que podía encontrar era el Nuevo Testamento.  Bien, pues me lo compro y, estando ya en la universidad, me dedico a leer todos los días un par de capítulos. Y es así como me convierto, leyendo, fundamentalmente, la Carta de los Romanos. La impresión que derivo en esos momentos de la lectura del Nuevo Testamento en su texto original encaja muy mal con el catolicismo que yo conozco desde mi infancia.  Por supuesto, existen elementos en el catolicismo que se relacionan con el Nuevo Testamento, pero, al mismo tiempo, no es menos cierto que se han ido produciendo una serie de estridencias con el paso de los siglos y que el resultado final ofrecido por la iglesia católica ya dista muchísimo del Cristianismo del Nuevo Testamento.  De esa forma, yo abrazo la enseñanza del Nuevo Testamento y, precisamente por ello, rechazo la de la iglesia católica.  Todo ello se produce durante unos meses de mi adolescencia, en que se produce la muerte de Franco y hay algo más de libertad.

 

¿Cómo recuerda aquello?

Fue en el verano de 1977.  Tras mi conversión, a solas y gracias a la lectura del Nuevo Testamento en griego, me encuentro de manera casual con gente que asisten a una iglesia evangélica y descubro que esa gente cree en lo mismo que yo.  Tengo un recuerdo muy vivo de la manera en que se produjo.  Yo iba a echar unas cartas a Correos y, en vez de coger el camino habitual, tomé otro.  Cuando estaba poniendo las cartas en el buzón, al levantar la vista, vi al otro lado de la calle un letrero sobre un local pequeño que decía Capilla evangélica.   Crucé la calle y vi a unas señoras limpiando el local y, hablando con ellas, me dijeron el horario de cultos.  Acudí un domingo por la tarde y, dos días después, me encontré por la calle con uno de los muchachos que estaba en ese culto y que me invitó a su casa a charlar un rato.   Tuve así una experiencia muy curiosa, porque mientras yo le iba haciendo preguntas sobre diferentes temas, las respuestas que me daba este chico eran precisamente las mismas que yo había leído en la Biblia.   Fue una experiencia muy luminosa, porque me acababa de encontrar con una persona que creía en lo mismo que yo había leído en la Biblia.  Me bauticé poco después.  En el mes de octubre de 1977.

¿Cree que le ha llamado el destino?
(Silencio). No creo en el destino pero sí creo en la Providencia y creo que la acción de la Providencia en mi vida no pasa solo por mi conversión sino que pasa por muchas experiencias que he tenido a lo largo de los años.  Yo he estado a punto de que me fusilaran dos veces en una misma semana; he sufrido un accidente en el automóvil donde podríamos haber muerto todos y, sin embargo, salimos sin un solo arañazo; me he encontrado en muchas situaciones de muchísimo peligro, y he podido ver cómo me sacaban de ellas.  Sin duda alguna, creo en la acción de la Providencia. Es mi experiencia personal.

¿Qué elemento más le llama la atención de la nueva religión que elige?

No creo que resulte exacto hablar de elegir una nueva religión aunque, desde un contexto católico, se pueda ver así.  Lo que yo inicio es una relación personal con Jesús como mi Señor y salvador.  Esa es la clave, la visión que hay en el Nuevo Testamento y que enfatiza el encuentro personal con Dios.  No es el encuentro con una organización eclesiástica ni es el hecho de estar vinculado a una organización determinada. Mi relación es una relación personal con Jesús no la entrada en una confesión religiosa.

El protestantismo se sustenta en tres principios básicos.  El primero es que la única fuente de revelación es la Biblia; el segundo, que la salvación viene solamente a través de Cristo, no a través de la mediación de otro ser; y el tercero, que la salvación es un regalo de Dios y uno se apropia de ella a través de la fe. Es decir, la salvación es algo que Cristo ha ganado para cada ser humano en la cruz y uno no puede ganársela por sus propios méritos.  Si uno tiene la salvación es porque Dios quiere dársela y uno la recibe, pero no porque uno se la gane o se la merezca, ni nada parecido.

Precisamente el hecho de que uno recibe la salvación de Dios de manera gratuita evita una actitud del laxismo moral.  No puede ser de otra manera porque es como si usted me hiciera un regalo y yo, ante esa acción, en lugar de devolverle el aprecio, pasara al desprecio.  Tras recibir gratuitamente la salvación, aquel que se ha convertido se esfuerza más que nunca en obedecer a Dios y su gratitud es mucho mayor.

¿Qué diferencia podría haber entre el catolicismo sociológico que menciona y un catolicismo psicológico o espiritual, por ejemplo?

Las naciones tienen una inclinación sociológica que no implica que cada individuo necesariamente profese esa religión, pero sí implica que los individuos estén muy marcados por esa religión.  Así, la visión de trabajo que puede tener un noruego frente a la de un italiano es muy distinta, porque en Noruega triunfó la Reforma protestante y en Italia, la Contrarreforma. Y es posible que ni el noruego sea protestante ni el italiano, católico, pero, sociológicamente, la visión del trabajo del católico y la visión del trabajo del protestante sí han influido en la personalidad. Luego hay, por supuesto, implicaciones de carácter psicológico y también de carácter ritual, que son curiosas en el sentido de que muchas han ido desapareciendo de España mientras que otras se mantienen con mucha fuerza en medio de un cambio moral que no ha ido en la dirección de la moral católica.  Por ejemplo, la gente va a la procesión del Rocío y se puede encontrar con alguna folklórica que está viviendo con un señor que está casado, pero, sin embargo, no parece causar sorpresa.

¿Doble moral?

No creo que necesariamente sea doble moral. En buena medida, el catolicismo en España ha terminado vinculado más a determinadas costumbres, prácticas y ritos que a los fundamentos teóricos del propio catolicismo.

¿Consideraría, por lo tanto, que podría haber mayor hipocresía en el catolicismo que en otra religión?

Contestar esa pregunta requiere tener un conocimiento de carácter sobrenatural que yo no tengo. (Ríe). Para saber si una persona es hipócrita, tendría que ver su corazón, y eso sólo lo puede hacer Dios.  Por ejemplo, imagínese que usted es católica y, al mismo tiempo, mantiene relaciones con un hombre casado.  Puede que sea una hipócrita, pero también podría ser una persona que es débil a la hora de defender sus principios.

Usted ha llegado a decir que, para el catolicismo, ser pobre es algo magnífico, coincidiendo en algún sentido con la izquierda española.

No hay duda de que en el catolicismo se da un cierto pauperismo. La prueba está en que incluso se considera que la pobreza forma parte de los consejos evangélicos y hay órdenes religiosas que han insistido mucho en ese aspecto, como los franciscanos, por ejemplo.  Ese mensaje pauperista ha marcado a la izquierda española, pero porque la izquierda española es una izquierda muy particular. La izquierda española es una izquierda que se construye como un retrato en negativo de la iglesia católica y, de hecho, copia buena parte de las estructuras mentales del catolicismo con el que compite por el corazón de los españoles.  Esa circunstancia no ha sido positiva ni para España ni para la izquierda.

La diferencia que puede haber entre el PSOE y el partido laborista británico –Labour Party- pasa en gran medida por esa circunstancia.   Se trata de algo que puede verse incluso en el lenguaje.  Por ejemplo, es muy común que en España cuando dicen “la iglesia” hagan mención únicamente a la iglesia católica, como si en el mundo no hubiera más que una iglesia. De hecho si se habla de cualquier otra iglesia, hay que apellidarla siempre, porque, por definición, “La Iglesia” es la iglesia católica.  Esa misma muestra de sectarismo miope la podemos ver en la izquierda.  Muchos hemos vivido en una época en que con el <partido> a secas existía un único partido al que referirnos.  Cuando alguien nos preguntaba en la universidad si éramos del partido, no había más que un  partido “único y verdadero” que era el PCE y que luego terminó siendo el socialista.   Esa identidad de sectarismo explica que en determinadas zonas de España – que además curiosamente son las zonas donde sigue existiendo más práctica católica, como es el caso de Andalucía – ese pauperismo de origen católico que ha adoptado la izquierda siga repercutiendo entre un número elevando de ciudadanos.

Ahora que habla de la manipulación semántica, los simpatizantes de la izquierda, en la prensa, tienden a distinguir entre <empresario> y <trabajador>, dando a entender con sutileza que el empresario no trabaja. Algo que en alemán, no sucede, pues empresario literalmente se diría <el que da trabajo>.

Estoy de acuerdo. Es un elemento que, de nuevo, tiene mucho que ver con los países culturalmente católicos. Si le pregunta a un católico por el trabajo, le va a decir, seguramente, que es consecuencia del castigo de Adán y Eva cuando son expulsados del Paraíso.  Supuestamente Adán y Eva no trabajaban en el Paraíso, y como castigo, entre otras cosas, tuvieron que trabajar. Si le pregunta, en cambio, a un protestante por el trabajo, como habrá leído en el Génesis le dirá, igual que un judío, que Adán y Eva ya trabajaban en el huerto del Edén y que, por lo tanto, el trabajo es algo que está positivamente unido al ser humano.

Eso, sociológicamente de nuevo, provoca una visión del trabajo que es muy distinta. Es decir, un noruego, un alemán, un danés, un británico, tiene, por razones culturales relacionados con el protestantismo, una visión positiva del trabajo. Mientras que por regla general en naciones como España, Italia, Portugal o Argentina, la visión del trabajo no es tan positiva.  Aún más, se produce esa ironía de la mamá que le dice al hijo “a ver si encuentras un trabajo, en donde trabajes poco”. Es algo que un norteamericano no podría entender. Se trata de una de tantas categorías que esa gente protestante y trabajadora del norte no podría entender.

Y, ¿en qué desemboca esa forma de ver el trabajo?

Significa, por ejemplo, que en los países de raíz protestante, el empresario sí es objeto de una buena visión, porque el capitalismo no se ha considerado malo. Pero nosotros nos hemos encontrado, por un lado, con una visión católica que en muchos casos sigue desconfiando del empresario y a ella se suma la visión de la izquierda que va en la línea pauperista que ha decidido, primero, que el trabajador por definición está explotado por el trabajo, y, segundo, que el empresario por definición no trabaja, siendo una figura negativa que se dedica a explotar. Eso, como algo anecdótico para soltar unas risas puede pasar, pero como una visión que va modelando la mentalidad de un pueblo es un desastre.

Como ocurre con las huelgas, que muchas personas las hacen por el mero hecho de no trabajar, incluso estando en contra de las razones de la celebración de dicha huelga.

Es uno de los grandes problemas que tenemos. Hace unos meses vi un debate en la televisión que no sabía si echarme a reír o a llorar.  Uno de los que hablaban – ¡un sacerdote! – decía: “el socialismo ya está vencido y ahora lo que hay que derrotar es el capitalismo”.  ¡Qué locura!  Entonces, uno se plantea: ¿exactamente adónde vamos?, ¿a la economía de la Comarca de Tolkien que para muchos es el gran sueño? La economía de la Comarca para los hobbits sería lo ideal ya que son autosuficientes, libres, se levantan con las gallinas…, pero este hombre lo que proponía era un regreso a lo medieval y eso es imposible.

¿Se puede racionalizar la fe?

Yo creo que la fe no es ni racional ni irracional, pero sobrepasa la razón.  Esto incluye algunos aspectos, que supongo que culturalmente tenemos asumidos, pero que distan de ser tan obvios.  Me refiero, por ejemplo, a la idea de que un Dios que es totalmente justo decida en un momento concreto sufrir por los pecados de la gente a la que le importa un pimiento.  Eso podemos tenerlo asumidos por siglos del cristianismo, pero lo mires por donde lo mires, escapa a la razón. Y es un tipo de amor que sobrepasa el comportamiento racional.

Santo Tomás de Aquino intentaba justificar de manera lógica la existencia de Dios…

Considero que intelectualmente es una gran empresa, pero el mismo se hacía trampas en las cartas y obviaba un aspecto muy importante como es que la razón no es totalmente fiable. Él partía de premisas que le llevaron a conclusiones que posteriormente el mismo catolicismo ha rechazado.

La razón es engañosa, ¿cómo no confundirla con la pasión?

No creo que la pasión sea una forma de razón engañosa. Hay pasiones buenas y pasiones malas. Creo que hay pasiones que pueden ser buenas y malas también. Y creo que no necesariamente la pasión oscurece el entendimiento y no siempre ataca a la razón. E incluso si atacara la razón puede tener una belleza y sublimidad que no por eso la convierte en negativa. La pasión por Dios, por buscar la pasión más elevada, es una pasión que, en ocasiones, puede ser de una belleza sublime y, en otras, puede ser profundamente diabólica. No cabe la menor duda que la gente que arrojaba a los herejes a la hoguera sentía una pasión tremenda, aunque perversa y salvaje.  Yo soy una persona que no desconfía de la pasión, pero que cree que hay que saber con qué pasiones quedarse.

Y usted, ¿de qué se fía más?

En mí no predominan el intelecto ni la razón.  Predominan mucho más el sentimiento y la intuición. No soy una persona de análisis primordialmente racional. Y no lo lamento ni lo más mínimo.  Me interesan más los sentimientos que el análisis que es racional y que por ello no es más exacto.

Efectivamente, las teorías científicas apuntan cada vez más que si hacemos caso a la intuición nos llevará por caminos más correctos que la razón.

Puede ser. Creo que la razón es engañosa.  Por otro lado, me interesan más los sentimientos de una persona que sus conocimientos. Prefiero a una persona bondadosa que a otra con un doctorado de Harvard, aunque pueden ser compatibles (César sonríe).

Heráclito decía, “no me escuchéis a mí; escuchad al logos–la razón y la palabra, en griego-“. ¿Cree que la gente piensa menos por sí misma y escucha la cadena Ser, por citar un ejemplo?

Esta sociedad no piensa mucho, y eso a ayuda a la Ser, aunque la cadena Ser no tenga la culpa. Yo creo en las responsabilidades de los sujetos y las instituciones, etc., y pienso que muchas veces las acusaciones contra determinadas instancias ocultan el intento de evitar la responsabilidad individual. ¿La Ser adoctrina? Sí, adoctrina, pero, aparte de la Ser, hay una gran mayoría que ve programas de corazón o partidos de fútbol donde también existe un adoctrinamiento.  Para ser sincero, creo que gran parte del adoctrinamiento social no proviene de un medio de comunicación y que la gente es mucho más adoctrinada por las series de tv, realitys o programas de corazón que leyendo los editoriales de El País.

Dice en sus textos que la religión católica es más indulgente con las mentiras que otras religiones cristianas…

Si la mentira se acaba colocando a nivel del pecado venial, como hace la iglesia católica, evidentemente se abre la puerta a una cultura que da muy poco valor a la mentira.  De nuevo, como en el caso del trabajo, los hechos son muy claros.  Si un candidato miente en una sociedad protestante, como político, tiene su carrera acabada.

El 11-M es un gran ejemplo de la mentira.

La versión oficial del 11M es un invento. Inicialmente es una manipulación escandalosa de unos hechos, llevada a cabo sin ningún tipo de reparo moral, y, posteriormente, el intento de consagrar una mentira como versión oficial.

¿Saldrá a la luz algún día la auténtica verdad?

No sé si llegaremos a verlo.  Sí podemos decir que la mentira sobre el 11M se tradujo en la victoria del partido socialista, en un cambio de rumbo constitucional en España y en una crisis económica e institucional en la que llevamos inmersos ya muchos años.

En su libro Érase una vez hay muchas conclusiones que nos invitan a reflexionar.

Utilizo los cuentos para colocar un espejo delante de las personas que los escuchan ya que sus interpretaciones delatan características de la forma de ser de tales personas.

¿Podría entonces psicoanalizar a una persona según cómo interpreta sus cuentos?

No lo hago con ese fin.  Busco que la gente piense y reflexione. Por eso utilizo un elemento de proyección.  Es un instrumento privilegiado para que las personas puedan sacar lo que llevan dentro.

En El Caballero que compró un monstruo hay dos posibles interpretaciones: la primera, da a entender que las masas no pueden actuar por si solas pues precisan de órdenes de alguien más inteligente para que funcionen de manera más eficaz; y, la segunda, podría ser una posible metáfora de un político que, mientras sea controlado, funciona bien, pero en el momento en el que obtiene más libertad puede acometer auténticos destrozos.

Incluso puede haber una tercera que era aquello que decía Napoleón de que ‘uno intenta controlar la situación pero siempre parece que hay algo que impida que sea así’. Es decir, nunca controlamos las situaciones.

En este libro habla mucho de lo soberbia. Dígame quién representa la soberbia en este país.

Según qué día, porque, a veces, me resulta gracioso y otros días, en cambio, siento compasión, creo que uno de los paradigmas sería Felipe González.

Y la estupidez, ¿sería causa o consecuencia de la soberbia en algunas ocasiones?

Con los años me he vuelto más tolerante con las debilidades humanas.  He llegado a la conclusión de que el ser humano da de sí lo que da. Hasta cierto punto, según el día, puedo sentir cierta compasión hacia la soberbia.  Felipe González es un personaje con debilidad política, lógica y hasta personal. Pero la estupidez indica que la capacidad de aprendizaje del ser humano es muy limitada.  De generación en generación, no demostramos ser capaces de transmitir el conocimiento que nos lleva a ser mejores.

¿Cree entonces que podría haber una “degeneración” en tanto en cuanto el hombre ha encontrado un límite y ahora va a evolucionar “hacia atrás”?

No lo creo. A pesar de todo, el hombre ha sido capaz de mandar un cohete a la luna o inventar Internet, por lo que la estupidez no llega a tanto. Creo que más bien hay épocas en las que el ser humano enloquece y se vuelve más estúpido.

En el cuento del mono y la zorra, la zorra, personalmente, me recuerda mucho a Zapatero, ya que, en el reino animal, al mono le conceden el poder de reinar, y la zorra le engaña. ¿Podría ser el mono Zapatero y la zorra la crisis que no supo ver el ex presidente de España?

Es una proyección muy inteligente por su parte. Creo que el mono fundamentalmente es un ser absurdamente soberbio que se enfrenta con las consecuencias de su soberbia porque la persona que es vanidosa realmente puede llegar a creer cosas absolutamente disparatadas y, al creerlas, acaba convirtiéndose en vulnerable.

En Pimiento Verde, para este cuestonario, también entrevistamos a su compañero Luis Herrero. ¿Qué tiene en común con él?

Con Luis Herrero, coincidiría en la integridad profesional.  Fuera de ahí las coincidencias son escasas porque ni me gusta el fútbol, ni coincidimos en el gusto de películas ni soy católico… ¡Hasta en los gustos por las mujeres somos diferentes! (César ríe).  Es comprensible que haya ido descubriendo cosas de mí poco a poco, y haya decidido definirme como <ser raro>.

 

Y, ¿con Federico Jiménez Losantos?

Con Federico tengo muchas más cosas en común.  Por ejemplo, compartimos el interés por la cultura y una visión de la libertad muy concreta –ambos somos liberales-.  Políticamente, se podría decir que coincidimos en el 99% de las cosas sin tener que hablar el uno con el otro, etc.

 

La última pregunta que siempre planteamos. ¿Cómo definiría su marca personal en términos intangibles y abstractos que engloben la esencia de su ser?

La disidencia

…………………………………

 

ALMUERZO EN PIMIENTO VERDE con CÉSAR VIDAL

Entrantes:

Rosas de Alcachofa

 

Primer plato:

Solomillo de ternera con patatas, al puto

Ensalada caliente de gulas y gambas

 

Bebidas:

1 zumo de tomate

1 botella de Vichy Catalán

 

Postre:

Cuajada

Helado de chocolate y vainilla

1 Café cortado ILLY en tazas diseñadas por Pedro Almodóvar

1 Menta Poleo

 

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”Para Katy, con el deseo de que disfrute de estos paseos por las sabidurías milenarias. Con afecto de César”

 

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