José Luis Gil Sanz: ”  “No tengo nada que ver con Juan Cuesta””

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José Luis Gil Sanz y Brand of the Art “cotillean” en la comunidad interna de la vida profesional del actor

JOSE LUIS GIL SANZ-PIMIENTO VERDE (3)

Es Juan Cuesta por la calle; Enrique Pastor en la pequeña pantalla los domingos; pero José Luis Gil  Sanz es la única máscara con la que se disfraza por las noches, siendo el auténtico actor que lleva dentro.

No alcohol, sí tabaco. Y, sobre todo, mucho café –acompañado de dos azucarillos, fundamentalmente, y una vaso de agua-. Pacífico, sencillo, humilde… la prudencia de este actor impide el hallazgo del verdadero pensamiento más recóndito por parte del periodista.

Juan Cuesta, ¿el antídoto o la prolongación de José Luis? Iguales en figura, distintos en pensamiento.

En su día a día, confiesa escuchar música heavy-metal y rock; ser poco cinéfilo y no hacer deporte –aunque sí verlo en directo desde la televisión-.

José Luis es un hombre como otro cualquiera, a pesar de que no pase ni dos minutos desapercibido entre una muchedumbre que aprovecha para llamarle “Enrique”, “presidente de la comunidad”, “concejal de Juventud y Tiempo libre” o, lo más habitual, apelarle con su eterna marca inmortal: Juan Cuesta.

 

¿Cuándo decide ser actor?

No decido ser actor. Mi hermana me decide llevar a una prueba de niños, lo que hoy se llama “casting”, para programas de televisión. Me llevaba porque pensaba que valía; y me cogían. Eran pruebas muy sencillas. Te escogía el director-realizador de turno, y te preguntaban “qué has hecho”. Ellos observaban si tenías cierto desparpajo.

Era extrovertido en la infancia para desenvolverse bien ante la cámara…

No, más bien diría que siempre he sido tímido. Lo que pasa es que me defendía de forma natural, sin estar forzado.

¿Continúa siendo tímido?
Cada vez menos. Hay cosas con las que uno nace y que te acompañan toda la vida, pero hay mecanismo de lucha contra ello.

¿Ser actor es un mecanismo de entrenamiento para vencer  su timidez?

Se es tímido en lo personal, pero es algo que se tiene que dejar a un lado o vencer cuando se realiza su trabajo. Sin embargo, es algo que se lleva siempre con uno mismo. De alguna forma uno aprende a manejarse con ello cuando empieza a ser consciente de hasta qué punto ello le limita.

 

 

Por la calle le llamarán Juan Cuesta o Enrique Pastor…

Y Doctor Mateo también. (Sonríe). A la gente se le “cruzan los cables”.

¿Le agobia?

Por lo general no. Quizá en algún momento más. Pero me voy y desaparezco.

¿Cree que el actor nace o se hace?

Todas las personas tienen algo dentro para una cosa u otra. Hay personas que piensan que son negadas para la interpretación, y son un desastre. No todos nacemos con naturalidad para todo. Todo el mundo puede jugar al tenis, pero si no tienes un talento natural para destacar y ser el número uno, por mucho que se intente, no se logrará. Ahora bien, si al talento no le añades el esfuerzo, no sirve de nada.

El actor que “nació” con el talento de interpretar, ¿dónde terminó de “hacerse”, entonces?

Antiguamente la RESAD no existía. Se estudiaba interpretación en el Conservatorio a partir de los 16 años. Cuando yo empecé como actor, tenía sólo 11. Por aquellos tiempos hice cursos de teatro, pero no estudié en el conservatorio porque no tenía la edad necesaria.

 

A los 20 años comienza haciendo doblaje, ¿hasta qué punto satisface a un actor “poner la voz” en lugar de interpretar a un personaje corporal y vocalmente?

Cuando uno es actor lo último que quiere es hacer doblaje. La verdad es que no sabía ni que existía. Entonces tenía una voz muy joven e iba muy bien para este tipo de trabajo.

 

¿Qué requisitos se necesitan para hacer doblaje?

Ellos pensaban que era buen actor y que, por lo tanto, la técnica la aprendería rápidamente.

Para doblar la voz de un protagonista de DISNEY como Tarzán o de un actor como Hugh Grand, ¿le inspira la personalidad de estos personajes?

Claro. Aunque me resulte un trabajo muy complicado, me gusta hacerlo bien. Pero puede llegar un momento en el que el doblaje te satura. Ahora que hago muy poco, cuando voy a hacer un papel bonito, escucho mucho al actor

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“Juan Cuesta fue una etapa de mi vida”

“El éxito de ANQV se debe a que la gente siempre identificaba escenas cotidianas”

“Siempre he sido tímido”

“Jamás hice casting para ANQV”

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Tras doblaje se introduce en teatro y TV…

Durante mi época de doblajes, hice buenas amistades. Conocí en el doblaje a actores y guionista que luego se hicieron muy famosos. Esos contactos los he mantenido. Hacía alguna cosa de televisión. Y, haciendo doblaje, fue cuando hicimos un trío de humor: Antonio Hernández, Alfredo y yo hicimos un espectáculo de humor. Y ahí fue volver un poco a las cámaras. Estamos hablando del 92. Ahí seguí haciendo doblaje, hasta que un día, de esas cosas que te ofrecen, te proponen hacer “Aquí No Hay Quién Viva”.

¿Hizo casting?

Jamás hice casting para “Aquí No Hay Quién Viva”. Esto viene del trío de humor del que te hablo. Me mandaron un guión, le eché un ojo,  y me gustó. En esa época trabajamos con mucha gente en TV, entre ellos, con José Luis Moreno, que hizo un programa de variedades en televisiones autonómicas. Hacíamos unos “sketches” y los reproducían. Los sobrinos de José Luis fueron los que escribieron “Aquí No Hay Quién Viva” y me ofrecieron ese papel.

 

¿Qué le pareció la idea de la serie?

Leí el guión y me pareció buenísima la serie, y, sobre todo, muy divertida de hacer. Aunque ellos, cuando crean un personaje, tienen una idea en la cabeza, y, después, éste evoluciona.

Muchos espectadores le encuentran parecido a Juan Cuesta con Zapatero…

Zapatero no existía en esa época, porque Zapatero gana las elecciones en 2004 y nosotros rodamos la serie en 2003.

No obstante, Juan tenía una mentalidad bastante progresista…

No. Era, simplemente, un hombre tradicional. Quería que todo funcionara. Él ejercía su papel dentro de la comunidad, pero, en la familia,  quien “llevaba los pantalones” era su mujer, Paloma. Juan era un buenazo y quería que todo fuera correcto y todo bien, pero todo el mundo le engañaba.

En ANQV no hubo personajes planos….

Es una de las cosas que hablamos cuando empezamos la serie: los papeles fueron creciendo. Partiendo de que todos los personajes eran muy identificables, todo estaba muy bien y muy simpático de hacer. Juan Cuesta nunca pareció un personaje gracioso. Era un legalista, que se llevaba muy bien como contrapunto a otros personajes, pero no decía chistes. Sus chistes eran sus situaciones, sus agobios. Era como Quijote y Sancho.

Don Quijote y Sancho Panza, ¿parecidos a Enrique Pastor y Antonio Recio?

(José ríe) Son el antídoto, pero al mismo tiempo se complementan. Pero mi personaje era legalista, un “toca pelotas”; y lo que hicimos fue buscarle un toque que, a medio y largo plazo, tuviera algo que implicara que la gente se identificara con Juan o Enrique, despertando cierta ternura.

JOSE LUIS GIL SANZ-PIMIENTO VERDE (1)

¿Le gusta interpretar a estos dos personajes o le habría gustado otro rol?

No. Yo estaba muy contento. Aunque yo no tengo nada que ver ni con Juan Cuesta ni con Enrique Pastor. Lo que pasa es que todas las situaciones de estos personajes ficticios las pasas por un filtro que tienes en el que te planteas “si tú fueras ese personaje y te imaginas una situación similar, ¿cómo reaccionarías siendo Enrique o Juan?”.

Con quién se siente más identificado José Luis Gil: ¿Con Juan Cuesta o con Enrique Pastor?

A Juan Cuesta hace cinco años que no lo interpreto; la gente lo sigue viendo, pero yo prefiero no verlo, porque sería una saturación muy grande. Juan Cuesta fue una etapa de mi vida. Y no es que me identifique más con uno que con otro. Ahora interpreto a Enrique, mientras también hago teatro.

 

¿Podría decirme alguna similitud entre José Luis y el personaje de TV que le lanzó a la fama?

No te sabría decir. Seguramente las habrá. (Duda). Pero Juan es un hombre aparentemente ordenado, estricto, con las cosas, en teoría, controladas. Juan Cuesta es alguien que se cuidaba: no bebía, no fumaba… Hay momentos muy concretos en los que sí hay cosas en las que podríamos coincidir.

En valores morales, ¿podría haber más cercanía?

Sí… pero es que es muy general. Quizá algo más relacionado con la integridad. Puedo comprender a Juan Cuesta en muchas cosas: a veces por ayudar, ir siempre hacia adelante para favoreces a alguien, un sentido de la amistad…

 

Algunas “brandistas”, lectores de BA, nos hicieron varias preguntas: ¿hasta qué punto el éxito de un papel determinado durante un largo periodo no puede llegar a encasillar a un actor en ese rol determinado?

Bueno… (Vuelve a dudar). Si te comprometes a hacer un personaje, estás obligado a hacerlo durante 4 ó 5 años. La mayoría de los encasillamientos en este país, suelen venir dentro de los mismos profesionales: se trata de que un director sea capaz de ver en un actor, a pesar de que encaje perfectamente con un personaje concreto, que es buen actor, y por lo tanto, puede interpretar otro rol distinto. Y si la gente, en otro personaje, sigue viendo a Juan Cuesta, es que tienen un prejuicio.

En los últimos años, no sólo en TV, sino también en teatro, ejerce papeles de personajes a los que la suerte rara vez acompaña…

El encasillamiento no es una cosa que me preocupe. Soy un actor que está acostumbrado a ganarse la vida interpretando lo que puede en cada momento. Dentro de lo que he tenido, he escogida lo que más me ha gustado. Yo no me produzco mi teatro y creo que no lo haría, tampoco.

 

Hay un sector de la población española que no ve estas series y, sin embargo, sí ven las comedias americanas, ¿podría deberse a que se sientan reflejados y no les guste ver sus caricaturas?

Supongo que sí; algunos se deberán de reconocer, y creo que más que reconocerse a ellos, reconocen a alguien que conocen. El éxito de “Aquí no hay quién viva”, una serie que pudo llegar a tener el 45% de audiencia a la semana, se debe a que la gente siempre identificaba escenas cotidianas o personajes. Aunque es muy raro que alguien diga “yo soy como el portero”, normalmente se suele dar más el “yo tengo un primo que me recuerda a…” o “un vecino que es como…”.

¿Por qué muchos españolaos veían ANQV y, no obstante, no continuaron haciéndolo con LQSA?

Es porque hay un prejuicio en ciertas mentes abstractas.

 

Pero “La Que Se Avecina” es bastante más surrealista que la anterior…

Sí. Cada capítulo se supera más y más.

 

La última temporada cerró con una evidente parodia hacia el 15M con “La Revolución del Centollo”, inspirado a su vez con aquel zapato –en la serie, un centollo- que le tiraron a G. W. Bush, ¿qué opina?

Los guionistas utilizan, a veces, la actualidad para crear las tramas, o incluso referencias en frases concretas. Eso hace la seria más cercana para el público.

Entonces, ¿negaría que aquel “¡váyase Señor Cuesta, váyase!” fuera un guiño de actualidad hacia la primera candidatura de Zapatero como presidente del país?

Es evidente. Y definía aquella frase también mucho a Emma Penella (quien hacía de Concha). Quizá su personaje sí tenía algo que ver con José María Aznar. Cuesta era un hombre sin malicia; no creo que se parezca a González ni a ningún político.

 

Retomando el actor del día a día y el de su casa, ¿cómo definiría la marca persona de José Luis Gil Sanz?

Vivo con lo que hago, con lo que pienso. Sin embargo, eso no significa que sea lo que los demás perciben de mí. Uno no es como cree que es; si tuviera una marca personal, no pretendería ir dejando huella.

JOSE LUIS GIL SANZ-PIMIENTO VERDE (4)

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CENA EN PIMIENTO VERDE

Pulpo a la gallega en Pimiento Verde de la Calle Lagasca (Madrid)

Entrantes:

-Rosas de Alcachofas

Primero:

-Tortilla de Rabas del Cantábrico

Segundo:

-Pulpo a la Gallega

-2 Mahou sin al acohol

Postre:

-Higos secos bañados en chocolate (“Pezones de Novicia”)

– Café cortado ILLY en tazas diseñadas por Pedro Almodóvar

 

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“Este ha sido el comienzo de una gran amistad con Brand of the Art. Un beso.

José Luis Gil ”

 

 

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Puedes visitar cualquier Pimiento Verde en…

 

c/Quintana 1 (esquina con Calle Princesa) Metro Argüelles

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c/Conde de Miranda 4 (detrás del Mercado de San Miguel) Metro Sol

 

 

 

 

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